En qué se fijan los inversores institucionales a la hora de seleccionar un ETF

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FP

¿Gestión activa o gestión pasiva? Para los inversores institucionales, la respuesta es clara: ambas. Por eso, los ETF se han convertido en una herramienta indispensable a la hora de construir sus carteras.

Pero no todo vale y, ante la explosión de productos cada vez más novedosos y sofisticados, los selectores aplican diversos criterios para garantizar que el ETF “realmente haga lo que tiene que hacer, es decir, que se ajuste al índice que se espera”, afirma Francisco Simón, gestor de soluciones de inversión en Santander Asset Management, durante el primero de los desayunos sobre ETF organizados por Funds People y patrocinados por UBS ETF, centrado en esta ocasión en analizar el uso y las perspectivas de crecimiento de esta herramienta.

Factores diferenciales

“El primer punto importante a analizar es el índice de referencia”, explica Luis González, selector de fondos de renta variable y responsable de análisis cualitativo de ETF en BBVA Asset Management (Quality Funds). “Se suele tener la creencia que los ETF siempre replican a los mismos índices cuando, en realidad, solo en los índices core muy seguidos, y principalmente de renta variable, sí que puede haber varios productos que sigan al mismo índice. Lo normal es que las gestoras se diferencien precisamente por el índice de referencia que replican”. Para González, “este debe de ser el punto de inicio del proceso de selección, determinar a qué se quiere tener exposición, antes incluso de analizar el vehículo y otras variables”.

“Una vez que el ETF ya está disponible para invertir”, es decir, una vez que ha recibido el visto bueno del departamento encargado de realizar la due diligence del fondo y de la gestora, “en Santander AM nos fijamos en que sea líquido, que podamos entrar y salir sin problemas y en que el bid-offer spread esté ajustado porque, si pierdes mucho a la hora de entrar y salir, al final te estás dejando la rentabilidad ya en el camino”, añade Francisco Simón.

Para César Gil, gestor de carteras sénior en Bankia Fondos, el uso que se le vaya a dar al ETF también resulta determinante. “Como gestor, el primer filtro es para qué voy a usar este ETF, corto plazo o largo plazo. Si es corto plazo, quiero saber cómo se adecua a la estrategia que yo quiero hacer. Otro aspecto importante son los costes de transacción, que van a depender también del volumen potencial que tenga ese ETF. Y yo me fijo mucho también en el spread, la horquilla, a la hora de comprar. Puede ser un ETF muy bueno pero si la horquilla de compra es muy amplia, resulta cara su compra-venta y a veces no es eficiente, sobre todo con volúmenes muy grandes”.

El volumen es precisamente uno de los factores que destaca Pedro Martínez, director de gestión pasiva y estructurados en CaixaBank: “Desde el punto de vista de la gestión, para nosotros hay dos factores muy importantes: el tamaño (AUM) y el volumen negociado, porque los perfilados han alcanzado un tamaño significativo. Otros factores a tener en cuenta serían el TER, la liquidez en términos de bid-offer spread y, por supuesto, el tracking error y el tracking difference”.

“Vemos una preferencia clara por el indicador tracking difference que, al final, es la diferencia entre la rentabilidad neta del fondo –que incluye todos los costes y todos los temas fiscales como, por ejemplo, la optimización fiscal del domicilio del fondo– y la rentabilidad del índice”, explica Pedro Coelho, director de UBS ETF para España y Portugal. “Pero a los selectores les interesa también el tracking error, es decir, la volatilidad de ese tracking difference, porque el tracking difference se mide al final de período –ya sea un mes, un año o diez años– y la volatilidad puede variar mucho. En términos generales, una buena réplica tiene un bajo tracking error y esto se aplica tanto a estrategias core como satélite”.

¿Réplica sintética o réplica física?

“Por mis conversaciones con los departamentos de riesgo, en los últimos años ha habido una preferencia por la réplica física frente a la réplica sintética, y esto se observa claramente también en los flujos en Europa. Por eso muchos de los participantes de la industria están cambiando sus fondos de réplica sintética a réplica física”, expone Pedro Coelho.

Una visión que confirma Pedro Martínez: “En CaixaBank AM Tenemos una preferencia absoluta por la réplica física, full replication. En segundo lugar, iríamos a una réplica física optimizada y, solo en los casos donde no haya réplica física o réplica física optimizada, acudiríamos a la réplica sintética”.

No obstante, Luis González matiza que “en BBVA AM, no todas las estructuras sintéticas son admitidas pero, dentro de las que sí están admitidas, este tipo de estructuras pueden tener mucho sentido para algún tipo de exposición. Para mercados emergentes, por ejemplo, pueden llegar a ser hasta más eficientes y más beneficiosas para el inversor. Y, a día de hoy, otro ejemplo es para obtener exposición al mercado norteamericano, ya que, debido a una especificidad del euro-dólar, los ETF sintéticos están obteniendo mejores resultados”, concluye el experto.