Inversión de impacto: definir nuestro futuro en lugar de padecerlo

Frédéric Samama_noticia
Cedida por Amundi.

TRIBUNA de Frédéric Samama, director de Inversión Responsable, CPR AM (Grupo Amundi). Comentario patrocinado por Amundi.

El confinamiento de gran parte de la población mundial en 2020 dio lugar a escenas sorprendentes; como las imágenes captadas por los satélites que muestran una reducción significativa de las emisiones de dióxido de nitrógeno en la atmósfera. El medioambiente parece haber disfrutado una tregua.

Pero la crisis medioambiental del planeta no estaba siendo ignorada. El Acuerdo de París refleja la determinación de tomar medidas de carácter universal contra el calentamiento global y los gobiernos están estableciendo objetivos Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG). Los principales retos del futuro están interrelacionados e incluyen el acceso a sanidad y educación, hacer frente al hambre, pobreza, desigualdad y a los daños medioambientales. Estos desafíos son la base de los 17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) definidos por Naciones Unidas para que podamos vivir en un mundo sostenible.

El sector financiero tiene un papel esencial en el apoyo a esta transición, orientando las inversiones en función de las sensibilidades y necesidades de cada inversor. Nuestro propósito no es solo argumentar a favor de la inclusión de los criterios ESG en la gestión de las carteras, sino informar a los inversores sobre las acciones que se están llevando a cabo para alcanzar estos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Este es el valor diferencial que hay detrás de la inversión de impacto: los inversores pueden generar un impacto social y medioambiental positivo y medible, además de un rendimiento financiero.

Necesidad de datos cuantificables y comparables sobre el impacto de una compañía

Se necesitan indicadores concretos, cuantificables, fiables y comparables para medir el impacto de una compañía, ya sea positivo o negativo. Lamentablemente, no siempre se dispone de indicadores sociales y/o medioambientales. En Amundi seguimos de cerca el trabajo del Grupo Consultivo Europeo de Información Financiera (EFRAG, por sus siglas en inglés), que tiene como objetivo promover la estandarización de los indicadores no financieros publicados por las compañías y de impulsar una regulación de impacto positivo.

Los Estados miembros de la UE también están a favor de establecer una taxonomía de impacto objetiva y transparente. Afortunadamente, ya existen algunos estándares de medición de impacto. Podríamos mencionar el trabajo realizado por el Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera Relacionada con el Clima (TFCD por sus siglas en inglés) sobre información climática; o la iniciativa The Impact Weighted Accounts (cuentas ponderadas por Impacto) de Harvard Business School, o el Grupo de Líderes de Inversión del Instituto de Cambridge para el Liderazgo en Sostenibilidad.

Objetivos a los que pueden aspirar las compañías

Para evaluar con precisión el impacto de una compañía, es necesario, en primer lugar, trasladar los objetivos fijados a nivel macroeconómico al nivel microeconómico. Por ejemplo, ¿cómo podemos evaluar las acciones de una compañía a favor de la erradicación del hambre en el mundo (uno de los ODS)? Esto solo puede evaluarse dentro del sector en el que opera; y es necesario tener en cuenta la intencionalidad y la determinación de la empresa.

Las compañías deben empezar por establecer en cuáles de los ODS pueden participar e informar al respecto. Deben asegurarse de que adoptan una metodología transparente y comparable con la de otras compañías de su sector. De otra forma, será difícil añadir los datos a nivel de la cartera como parte de una estrategia de inversión de impacto.

Una compañía puede tomar posiciones en el universo de la inversión de impacto de diversas formas. Puede evaluar el impacto positivo generado por sus actividades. También puede disminuir el impacto negativo generado por las mismas, por ejemplo, mejorando su eficiencia energética, auditando su cadena de suministro con el fin de limitar su huella de carbono o trabajando en su cadena de producción.

Una compañía puede obtener unas buenas credenciales ESG al tratar bien a sus empleados y proveedores y al mantener buenas relaciones con sus comunidades locales. Los gestores de fondos de impacto están interesados en el impacto social positivo que genera una compañía para todos los grupos de interés. Independientemente del impacto considerado, la métrica debe referirse a los beneficiarios afectados. Además, las mediciones deben monitorizarse a lo largo del tiempo y compararse con la tendencia general del indicador en los últimos años para evaluar el proceso realizado para alcanzar el objetivo.

Impacto como parte del cambio climático

Cada vez es más habitual que las compañías informen sobre sus indicadores de impacto, lo que permite a los inversores posicionarse con mayor precisión en los temas ESG que priorizan; al mismo tiempo, les proporciona una visión precisa del impacto que su inversión está generando en la creación de un mundo más sostenible.

Como solución de inversión, en Amundi contamos con CPR Invest – Climate Action, un fondo de renta variable lanzado en 2018 que incentiva a las compañías que son más eficaces en la gestión del riesgo climático. Posteriormente, este enfoque se ha ampliado al universo del crédito con el lanzamiento de las estrategias Climate Bond, pero en cada caso el enfoque es multisectorial y diversificado con el fin de apoyar la transición hacia una economía compatible con los objetivos establecidos en el Acuerdo de París.

El fondo Climate Action utiliza una metodología transparente desarrollada en colaboración con CDP (Carbon Disclosure Project), una organización no gubernamental pionera especializada en la divulgación de datos de carbono en todo el mundo. El universo de inversión incluye compañías que han recibido las mejores puntuaciones de CDP, así como aquellas cuyas emisiones de carbono son consistentes con el objetivo de limitar el calentamiento global a dos grados del Acuerdo de París. Los gestores utilizan varios indicadores diferentes para garantizar que las compañías generen un impacto ambiental positivo, incluida la exposición de la misma a los sectores verdes, cualquier cambio en su puntuación CDP, sus volúmenes de emisión de carbono, etc.

La iniciativa responsable de estas valoraciones se conoce como Science -Based Targeted (Objetivos basados en la ciencia) y es el resultado del expertise conjunto del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el Instituto de Recursos Mundiales (WRI), CDP y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas.

Además, el gestor del fondo analiza el compromiso de cada compañía con su cadena de valor en relación a los problemas climáticos y el grado en que la compañía innova para generar un impacto medioambiental positivo, por ejemplo, cambiando hacia modelos o tecnologías más eficientes o a través de la I+D. Los enfoques de CPR AM se pueden adaptar a un formato dedicado, por ejemplo, para adherirse a una carta de inversión ESG específica, para cumplir con las regulaciones financieras que restringen el universo de inversión elegible o a un requerimiento de capital regulatorio (SCR), o en el caso de las soluciones de bonos para lograr una estructura de duración adecuada a los pasivos del inversor (ALM).

Tanto si el formato es abierto como si es específico, la transparencia que exigimos a las compañías en relación a su gestión de riesgos ESG también se aplica a nuestros propios estándares para los informes. CPR AM publica informes no financieros mensuales muy detallados sobre ESG y datos climáticos. Por ejemplo, las emisiones de carbono de la cartera CPR Invest – Climate Action a finales de febrero se situaba en 113 millones de toneladas por cada millón de euros de beneficios frente a los 138 millones de toneladas del índice MSCI World All Countries. Su exposición verde llegó al 9,1% frente al 5,7% del índice.

Además de hacer un esfuerzo para reducir la huella de carbono, CPR AM propone establecer un mecanismo de compensación de la huella de carbono para las emisiones de alcance uno y dos y para las emisiones upstream de alcance tres de los proveedores Tier 1, ofreciendo apoyo financiero para proyectos relacionados principalmente con la protección de bosques o desarrollando energías renovables.

También trabajamos para poder informar sobre la trayectoria de 2°C de la cartera (correspondiente al nivel máximo del rango de calentamiento global que recomienda no exceder el Acuerdo de París en relación con su índice de referencia).


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