La UE debe apoyar las tecnologías respetuosas con el clima

Mikko Ripatti_DNB_noticia_2
Firma: FundsPeople.

TRIBUNA de Mikko Ripatti, responsable para la Península Ibérica y gestor sénior de Carteras de Clientes, DNB AM. Comentario patrocinado por DNB Asset Management.

El 16 de agosto del año pasado, el presidente de EE.UU., Joe Biden, firmó la Inflation Reduction Act (IRA), el mayor programa de inversiones para combatir el cambio climático de la historia del país. De los 740.000 millones de dólares presupuestados, nada menos que 369.000 millones se destinarán a energías no contaminantes y a la transformación ecológica de la economía. El objetivo ambicioso será reducir las emisiones de gases de efecto invernadero alrededor del 40% con respecto a 2005.

El paquete de subvenciones está dando un enorme impulso a los sectores verdes y obligando a la Unión Europea a responder. Dado que la IRA ofrece condiciones económicas muy atractivas a las empresas que creen instalaciones de fabricación en EE.UU., el miedo a la desindustrialización recorre Europa, en especial en lo relativo a las tecnologías sostenibles. A las autoridades y empresas europeas que participan en la transición verde les preocupa que las generosas desgravaciones fiscales de EE.UU. puedan dañar la competitividad de Europa como centro de fabricación de tecnologías limpias. Las empresas podrían plantearse trasladar las nuevas fábricas a EE.UU. e invertir allí, en lugar de expandir su negocio a este lado del Atlántico. Ya hay empresas que han amenazado eufemísticamente con «reducir su presencia» en Europa.

Si la UE no consigue dar respuesta a la iniciativa estadounidense, el coste del capital para las empresas que inicien su actividad en EE.UU. será más bajo que para las empresas que inviertan en la UE, lo que está agravando el miedo a la desindustrialización verde del Viejo Continente. El capital generalmente fluye hacia aquellos mercados donde las rentabilidades ajustadas al riesgo son más altas, lo que se traduce en un menor coste del capital en los mercados con buenas perspectivas de crecimiento de la demanda y los beneficios.

La UE tendría que ofrecer las mismas condiciones que EE.UU.

Eso afecta no solo a las gestoras de activos y a los propietarios de capitales, que probablemente no muestren mucha lealtad a la UE si las rentabilidades ajustadas al riesgo fuera de la UE son considerablemente más altas. Al riesgo de éxodo de capitales de Europa se suma otra implicación que Bruselas debería considerar: una industria doméstica más débil dificulta la consecución de los objetivos medioambientales.

Para contrarrestar esta situación, la Comisión Europea tendría que ofrecer a las empresas europeas las mismas condiciones económicas que recibirían en EE.UU. a la hora de construir centros de fabricación. Eso podría adoptar la forma de deducciones fiscales o subvenciones, lo que traería un mayor equilibrio económico a las decisiones de inversión. Además, las empresas europeas se beneficiarían si Bruselas, como ocurre en EE.UU., posibilitara aprobaciones más rápidas y financiación garantizada para proyectos respetuosos con el medio ambiente.

Sin embargo, hasta ahora las medidas anunciadas por la UE han sido en su mayor parte de índole muy general. La Comisión ha propuesto simplificar la regulación, acelerar el acceso a la financiación, desarrollar competencias para industrias verdes y crear un entorno más favorable para la fabricación. Los primeros borradores de la Net Zero Industry Act también contienen medidas como procesos de concesión de licencias más rápidos para los proyectos que contribuyan a la neutralidad en emisiones, la inclusión de disposiciones favorables para la inversión local y la obligación de actualizar los planes nacionales para la energía y el clima para el periodo comprendido hasta 2030.

Se necesitan más medidas concretas

El quid de la cuestión es que la UE, aunque se mostrara más resolutiva, no sería capaz de competir directamente con las desgravaciones fiscales de EE.UU., porque no cuenta con un marco fiscal unificado. Por lo tanto, otra sugerencia ha sido permitir subvenciones para la producción de tecnologías verdes equivalentes a los que existen fuera de Europa.

El apoyo de los Estados mediante subvenciones u otras políticas contribuye decisivamente al despegue de sectores con importancia estrategia y de nuevo cuño. Sin embargo, es igual de importante que las empresas y los sectores que reciban subvenciones encuentren formas de reducir su dependencia. En última instancia, deberían ser rentables por sí mismos, incluso durante los ciclos políticos en los que las subvenciones para determinadas industrias podrían fluctuar.

Esperamos que la UE anuncie más medidas concretas. El apoyo político a las tecnologías limpias da visibilidad a los inversores y permite la formación de un capital de inversión muy necesario para las tecnologías respetuosas con el medio ambiente. No obstante, las gestoras de activos y los propietarios de capitales deberían tener esto en mente: las pérdidas de productividad y económicas que se producirán si no se cumplen los objetivos en materia de cambio climático y no se frena el calentamiento global excederán con mucho el coste de los incentivos públicos. Por consiguiente, conseguir la transición verde demandará capital tanto público como privado.