William Davies sopesa los cambios que podrían darse en el segmento bancario tras lo ocurrido con Silicon Valley Bank y Credit Suisse. Comentario patrocinado por Columbia Threadneedle Investments.
TRIBUNA de William Davies, director global de Inversiones, CTI. Comentario patrocinado por Columbia Threadneedle Investments.
La confianza, que constituye la piedra angular de un sistema financiero que funcione bien, se vio puesta a prueba a principios de marzo cuando las noticias sobre quiebras bancarias y las dudas sobre la liquidez sorprendieron a los titulares de depósitos y los inversores. A continuación, les presentamos nuestra opinión sobre las repercusiones a corto y medio plazo de los últimos acontecimientos.
Desbandada hacia lo seguro
En la era digital-móvil resulta bastante fácil trasladar activos a los grandes bancos establecidos en las principales plazas financieras y, en el entorno actual, muchos titulares de depósitos y directores financieros (CFO) perciben que estos exhiben un menor riesgo. Aunque resulte innecesario, a corto plazo, no nos pillaría por sorpresa que los depósitos se trasladaran desde los bancos regionales a otras entidades de mayor envergadura.
Puede que al Gobierno de EE.UU. le disgusten las instituciones financieras 'demasiado grandes para caer', si bien el mercado se dirige hacia esa coyuntura y las grandes entidades se tornarán aún más grandes. Esto no implica necesariamente que todo pinte color de rosa para los grandes bancos. Puede que estén ganando dinero con los depósitos, pero también afrontarán complicaciones a la hora de financiar los seguros de esos depósitos: el Organismo federal de garantía de los depósitos bancarios (FDIC, por sus siglas en inglés) no se financia a través de los contribuyentes; los bancos y las cooperativas de ahorro pagan al fondo de seguros del FDIC en proporción a su tamaño.
Los bancos regionales volverán a ser objeto de regulación
En 2018, el Congreso eximió a los pequeños bancos del escrutinio regulatorio que siguen afrontando las grandes entidades bancarias, en lo que cabe incluir las pruebas de resistencia anuales (CCAR, por sus siglas en inglés) que lleva a cabo la Fed. Prevemos que volverá a implementarse dicho escrutinio.
Las pruebas, cuya pretensión es la de evaluar si un banco exhibe fortaleza suficiente para capear un periodo de pérdidas significativas, se aplicarán a buen seguro de manera más general a los bancos regionales, dado que las autoridades reguladoras reconocen que incluso los bancos de no tanta magnitud podrían desestabilizar también el sector financiero. Las normas de capital y liquidez que, en los días que corren, solo se aplican a los bancos de importancia sistémica (es decir, los grandes centros monetarios, las entidades suprarregionales y los bancos fiduciarios) también podrían ampliarse para que se apliquen a los bancos regionales. Esto incluye normas relativas a la capacidad total de absorción de pérdidas (TLAC, por sus siglas en inglés) que exigen que los bancos de mayor tamaño emitan deuda sénior no garantizada(1) como baluarte frente a las pérdidas, y la inclusión de las pérdidas no materializadas de la cartera de bonos (los que se consideran disponibles para la venta) en el cálculo del capital reglamentario.
Una regulación más estricta equivale a mayores costes para las entidades regionales y, aunque la aplicación de estas normas se escalonará a buen seguro a lo largo de varios años con el propósito de dar a los bancos suficiente margen de tiempo para cumplirlas, puede que esto derive en una rentabilidad menor y en unas valoraciones inferiores de las acciones bancarias, aunque proporcionen más confianza a los inversores.
También resulta probable que los reguladores, en líneas generales, desempeñen un papel más preponderante con vistas a mantener la confianza en el sistema financiero. La adquisición, formalizada a través de intermediarios, de Credit Suisse por parte de UBS representa un buen ejemplo de ello, al igual que los esfuerzos de la Reserva Federal, junto con otras instituciones, por estabilizar el First Republic Bank.
El NIM, en cotas máximas durante este ciclo
Los Ingresos Netos por Intereses (NII, por sus siglas en inglés) son la cuantía de dinero que un banco obtiene a partir de los intereses generados sobre los préstamos menos el importe que abona la entidad en concepto de intereses sobre los depósitos. Los NII impulsan la rentabilidad de un banco. La subida de los tipos ha desembocado en que los bancos puedan catapultar el NII al obtener mayores rendimientos sobre los préstamos, mientras pagaban a los titulares de depósitos menos intereses por sus cuentas de ahorro.
El margen de intereses netos (NIM, por sus siglas en inglés) es el NII dividido por los activos generadores de intereses de un banco. Creemos que el NIM podría haber tocado techo, ya que los titulares de depósitos han tomado conciencia de las opciones que pagan tipos más altos, como los fondos de inversión del mercado monetario. Un banco que experimente una salida de depósitos se verá obligado a subir los tipos o pedir prestado dinero a tipos más altos, lo que en cualquier caso supone un recorte del NIM. Ahora bien, aunque dicho parámetro podría haber tocado techo, puede que el NII no lo haya hecho, dado que el repunte en los activos de los bancos revelará una mayor magnitud que el retroceso del NIM. La visión global para los inversores radica en que los beneficios y las valoraciones de los bancos podrían verse afectados.
Consolidación
Durante la gran crisis financiera (GFC, por sus siglas en inglés), una herramienta común para los reguladores a la hora de abordar los problemas de una institución en dificultades era encontrar un comprador dispuesto; es decir, un banco fuerte. Existen cuatro razones por las que la Fed no cuenta con esta solución en el actual entorno:
- En primer lugar, en la GFC los bancos que acudieron a rescatar bancos en quiebra se vieron sometidos a un intenso escrutinio regulador después de haber realizado las operaciones, y las concesiones otorgadas en el fragor de las negociaciones no se cumplieron.
- En segundo lugar, de conformidad con las normas contables actuales, el comprador debe valorar a precio de mercado el balance adquirido: préstamos, valores y depósitos por igual. Dado que todos los préstamos y valores se originaron o compraron a tipos más bajos, estas valoraciones producirían pérdidas para el adquirente, lo que socavaría sus ratios de capital. Los compradores querrían que este hecho se reflejara en el precio de adquisición (es decir, que fuera bajo), lo que desalentaría al vendedor y se sumaría a la psicología negativa para el valor de las acciones bancarias.
- La tercera razón estriba en que los bancos de mayor magnitud tienen prohibido crecer por medio de adquisiciones, a menos que cuenten con el permiso regulatorio.
- En último lugar, la crisis actual hunde sus raíces en la gran diáspora muy repentina de los titulares de depósitos de los bancos, a menudo a través de la banca en línea y las aplicaciones móviles. Este fenómeno hace muy difícil que las autoridades reguladoras reúnan a los adquirentes y les proporcionen los datos necesarios para adoptar una decisión segura y bien fundamentada en el momento oportuno. Resulta improbable que la consolidación rescate a un banco que se halla bajo presión.
La importancia del panorama en materia de tipos
Solo un pequeño subgrupo de entidades bancarias está sufriendo una fuga de depósitos y, sin lugar a dudas, hay implicaciones notables para esos bancos desde el punto de vista de la rentabilidad, especialmente si están practicando el 'relleno de lagunas en las cuentas' o 'backfilling' por medio de préstamos caros o permutas de activos recurriendo a la nueva facilidad de depósito de la Fed.
Los inversores también deberían estar atentos a lo que ocurre con otro subconjunto de bancos: aquellas entidades que no están presenciando fugas de depósitos alguna, pero exhiben una elevada asignación de inversiones «mantenidas hasta el vencimiento» y unas pérdidas ingentes en sus carteras de bonos «disponibles para la venta», junto con otras limitaciones en términos de liquidez. Anticipamos que muchos de estos bancos tratarán de reajustar sus carteras de bonos con la mayor brevedad, lo que significará vender bonos de mayor duración y comprar emisiones de menor duración.
Un catalizador que podría servir de rápido bálsamo a la situación de las carteras de bonos sería una rebaja en los tipos. Los raudos incrementos de la Fed tras muchos años de tipos de interés cero crearon desajustes de liquidez y cualquier reducción de los tipos aliviaría la presión y permitiría a los bancos acortar su duración. Por consiguiente, por extensión, cualquier alivio procedente de los datos de inflación acabará por traducirse en un mejor panorama para los bancos.
Continúan las perturbaciones sociales
La velocidad del colapso del Silicon Valley Bank se reveló abrumadora: el banco anunció su plan de ampliación de capital el 8 de marzo, y el 10 de marzo estaba embargado por el FDIC. En fechas más recientes, Credit Suisse se vio sometido a presiones después de que un inversor saudí indicara que no concedería capital adicional a la entidad. En ambos casos, la velocidad de la información en internet creó un entorno de 'disparar primero y preguntar después', ya que los directores financieros y los responsables de riesgos intentaron limitar las exposiciones.
Internet no va a desaparecer, por lo que corresponde a los bancos disponer de modelos de negocio que puedan resistir el escrutinio de la red y las motivaciones de los malos actores que podrían manipular esas plataformas. Nadie tiene una visión perfecta de qué negocios pasarán a estar en el centro de todas las miradas, ni de cuándo las emociones podrían prevalecer ante el sentido común. El contrapunto de esta dinámica es que estas turbulencias también generan oportunidades. Las perturbaciones generadas por la volatilidad del mercado, especialmente cuando están impulsadas por la emoción, pueden crear oportunidades de compra para quienes estén dispuestos a investigar. Ahondar en esto y realizar el trabajo analítico podría sacar a relucir grandes oportunidades en algunos casos.
Ajustar las inversiones a largo plazo en un mercado cortoplacista
Los bancos captan depósitos y los prestan a compañías que quieren expandirse (por ejemplo, comprar equipos y contratar empleados). En tiempos pretéritos, los bancos podían confiar en que estos depósitos se mantendrían durante años, por lo que se sentían cómodos prestando dinero a las compañías para que realizaran inversiones a largo plazo.
Las salidas de depósitos de las últimas semanas se produjeron cuando los participantes en el mercado empezaron a poner en entredicho la valoración de préstamos e inversiones a largo plazo que se deberían mantener durante años, lo que sembró inquietud sobre la viabilidad de los bancos. Los bancos deben ser capaces de ofrecer con diligencia capital a largo plazo a prestatarios con vocación de crecimiento, sin temor a que factores a corto plazo inhiban su capacidad para hacerlo. Los responsables políticos deben centrarse en las causas profundas de cómo hemos llegado hasta aquí y ayudar a trazar una senda futura.
Fuentes y notas:
1 Primero en cobrar de los activos de una compañía que quiebra, con la excepción de cualesquiera activos pignorados para los titulares de deuda sénior garantizada.
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