Qué otras cosas además de la inflación pueden provocar un cambio de criterio de los bancos centrales

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D()MENICK, Flickr, Creative Commons

El repunte que se ha visto de forma general en la inflación en estos primeros meses de 2021 ha provocado entre los inversores lo que se conoce como reflation trade . Básicamente, han optado por deshacerse de  los activos con menos riesgo y comprar los activos de riesgos ante la previsión de que confluyan una recuperación económica al calor de los estímulos fiscales y una inflación al alza en el corto plazo.

De ahí las fuertes caídas que se están viendo en los mercados de deuda gubernamental. Solo por poner algunos ejemplos, a principios de año la rentabilidad del TNote era del 0,91% y ahora está en el 1,46% y la del bund ha pasado del -0,57% al -0,31%. No en vano, detrás de estas caídas, que en los últimos días también están afectando a los mercados bursátiles, se encuentra el temor a que se produzca un nuevo tapper tantrum como el que se vio en 2013. Es decir, que los bancos centrales opten por responder a la creciente inflación con la retirada de estímulos. Una opción que, si bien, se ve aún lejana, trae consigo una alta volatilidad.

“La clave es que si no vemos una inflación al alza, habrá que seguir pensando en cuando los bancos centrales llevarán a cabo la retirada y eso generará incertidumbre en el mercado y mucha volatilidad. Lo único que podemos hacer en ese caso será un paso atrás cuando el precio no refleje el riesgo que se asume”, afirma Gaurav Chatley, gestor de M&G Investments.

Más allá de la volatilidad, la opinión mayoritaria entre las gestoras es que el alza de la inflación vista en estos primeros compases de 2021 no será motivo suficiente como para que los bancos centrales se planteen modificar sus políticas de estímulos. “No esperamos que la Fed endurezca la política monetaria antes de lo previsto y creemos que el Sr. Powell continuará reiterando su compromiso con el pleno empleo, teniendo en cuenta cualquier aumento de la inflación en los próximos meses como transitoria”, afirma Esty Dwek, estratega global de Natixis IM.

Mirar el empleo más allá de la inflación

 Si se mira sobre todo a la Fed es porque ya en el pasado fue ha sido la Reserva Federal la que ha marcado la actuación del resto de bancos centrales. Y ahora hay varias razones que apuntan a pensar que ese taper tantrum que se vio en 2013 no se repetirá. Una de esas razones es el empleo. “Hay una gran diferencia entre el objetivo que persigue el BCE y el de la Fed  ya que al primero solo le preocupa la inflación y no el empleo como a la fed. Además, la estructura de la zona euro complica también el mantenimiento de los estímulos”, afirma Gaurav.

A este respecto, Bruno Cavalier, economista jefe de Oddo BHF AM, recuerda que «la Fed estima una tasa de desempleo alternativa, más representativa de las condiciones actuales, en torno al 10% (este fue el máximo tras la Gran Recesión de 2008)». Y vaticina que «aplicando escenarios razonables, esta tasa caería hasta el 5-7% a finales de 2021, un nivel tan alejado del pleno empleo que no puede plantearse un endurecimiento monetario«.

¿Es sostenible la recuperación?

Además, está por ver si la recuperación económica que se espera para este 2021 marcado por la campaña de vacunación termina siendo tan boyante como se espera y si, sobre todo, si es sostenible que se produzca sin el apoyo de bancos centrales y gobiernos. “Los bancos centrales tienen que estar convencidos de que no entorpecerán la recuperación económica si llevan a cabo alguna retirada. Si no deberán mantenerlo”, afirma Adrien Pichoud, responsable de las estrategias multiactivos de Oyster (iM Global Partners).

¿Cuándo estarán seguros de eso? Según explica Pichoud,“deberíamos ver un aumento del empleo significativo, disiparse la pandemia y eso no pasará antes del segundo semestre del año o un crecimiento mucho mayor de lo esperado. Lo primero que harían sería cambiar el discurso y luego ya reducir la inyección de liquidez en el mercado”.

El efecto en el consumo de las medidas fiscales

Junto a la recuperación del empleo y la efectividad de las vacunas, hay otro aspecto que marcará también la velocidad de la recuperación económica. Se trata de cómo se trasladará la alta tasa de ahorro al consumo y, por ende al PIB de los países. “Los mercados esperan que este plan contribuya a un auge del consumo, pero, con los elevados niveles de ahorro acumulados en EE. UU. y el resto del mundo, la duda es si estos cheques y otras prestaciones se gastarán o se ahorrarán”, afirma Eva Sun-Wai, gestora del equipo de renta fija de M&G.

Y subraya que hasta ahora lo que se ha visto hasta ahora es que una brecha en el gasto en consumo entre la población con menor renta, que sí ha destinado las ayudas al consumo, y la de mayor renta, que ha optado más por el ahorro. “Si estos planes fiscales son lo suficientemente grandes para cerrar la brecha entre el gasto de personas con menor y mayor renta de EE. UU, podríamos asistir a un fuerte auge del consumo y al cierre de la brecha de producción”, apunta.