“A largo plazo, la rentabilidad de las inversiones en acciones proviene en gran parte de los dividendos. En los años bursátiles felices, los dividendos desempeñan un papel menos importante, ya que lo esencial del rendimiento proviene de las plusvalías bursátiles. Por el contrario, en los años menos prósperos, los dividendos pueden compensar las eventuales bajadas de las cotizaciones. Debido a la evolución demográfica, los inversores generarán en los próximos años unas rentas regulares y duraderas con plusvalías bursátiles inciertas”, asegura Guy Wagner, economista jefe de BLI-Banque de Luxembourg Investments y gestor del BL-Equities Dividend.
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