“Actualmente hay casi tantas normas ISR como gestoras”

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Encaso, Flickr, Creative Commons

Las entradas en fondos ISR se acelera en Europa. Sólo en lo que va de año las captaciones netas han superado a las registradas en todo el año pasado. Nunca antes habíamos visto tanto entusiasmo por la inversión sostenible, ni por la oferta ni por demanda. Ahora bien, es importante que la industria haga mayores esfuerzos en la armonización de indicadores para caracterizar las propiedades ESG (ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo) de las carteras de inversión. “Hay que tener en cuenta que actualmente hay casi tantas normas como gestoras y para el inversor es muy difícil hacer comparaciones basadas en huella de carbono u otros indicadores”, recuerdan Luciano Diana, director de inversión temática ambiental de Pictet AM y Eric Borremans, director de ASG en la entidad.

“Debemos hacer hincapié en un pequeño número de métricas, simples y armonizadas. Es mejor que intentar encontrar indicadores perfectos que dependen excesivamente de estimaciones y suposiciones. También hay proliferación de etiquetas nacionales ISR, lo que complica registrar fondos en varios países europeos, por lo que la creación de una etiqueta europea, lo que está empezando a tomar forma, va en la dirección correcta”, afirman.

El objetivo es integrar plenamente factores ASG en el análisis fundamental, pues analistas y gestores de carteras ven valor añadido real, dado que proporcionan una perspectiva complementaria a los análisis financieros más utilizados, de los que hay superávit de información. “En ASG la información es más cualitativa y menos cubierta por los analistas financieros y agencias de calificación, ya que todavía estamos en una fase de aprendizaje de las metodologías de integración. Pero se han realizado multitud de estudios, académicos y de instituciones financieras, que tienden a confirmar que los criterios ASG no tienen impacto negativo en el rendimiento”.

De todas formas, los estudios de los últimos 10, 15 y 20 años presuponen acceso a datos de calidad, y los datos ASG evolucionan y su calidad varía. “Cuanto más atrás en el tiempo, más problemas de calidad o cobertura. El cambio climático, por ejemplo, tuvo impacto muy marginal en la economía hace diez años cuando había poco o ningún precio del carbono y los fenómenos meteorológicos extremos no eran de la misma magnitud e intensidad que ahora. Así que un estudio sobre cambio climático de los últimos 20 años puede ser ilusorio. El precio del carbono aumenta gradualmente entre 25 y 30 euros por tonelada y solo ahora estamos viendo las condiciones para que estos factores tengan una influencia importante en los resultados de las empresas y en los fondos de inversión”.