Brasil se ha enfrentado a la ‘tormenta perfecta’ desde que Dilma Rousseff fuera reelegida en octubre de 2014, y los precios de los activos en el mayor país de América Latina se han desplomado. A fin de septiembre, los derivados de crédito (CDS) sobre el bono gubernamental brasileño a 5 años en dólares habían subido 545 puntos básicos, y los diferenciales de la deuda corporativa en divisa fuerte se habían ensanchado hasta los 938 pb. Ambas cifras superan lo visto desde la crisis financiera global de 2008/2009, y son las más altas desde la crisis brasileña de 2002. El nivel adecuado de reservas de moneda extranjera –uno de los pocos factores positivos para el país– no impidió que S&P rebajara la calificación crediticia de Brasil a la categoría de bono basura, que tal como apuntó Claudia, era inevitable dada la debilidad del entorno macroeconómico y político.
"Brasil no es Rusia, así que no esperen que la deuda brasileña genere rentabilidades rusas"

Blog do Planalto, Flickr, Creative Commons
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