Cómo invertir en base a dividendos sin descuidar la calidad

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Invertir para captar el ingreso periódico de un dividendo requiere mucho más que apostar por el más jugoso. Para que una estrategia income sea viable a largo plazo hace falta que la estabilidad de ese dividendo se mantenga e incluso que crezca con el tiempo. De hecho, un dividendo grande puede esconder un riesgo futuro. Encontrar los mejores dividendos es a lo que se lleva dedicando Stuart Rhodes, gestor del M&G (Lux) Global Dividend Fund, los últimos 11 años de su vida, desde el lanzamiento en 2008 de la estrategia. En esta entrevista, Rhodes desgrana los entresijos de su filosofía; un proceso que le ha llevado a generar una rentabilidad del 14% anualizada a 10 años. Su secreto: una casi obsesión por la estabilidad del dividendo.

¿Cómo se puede medir la estabilidad si depende de los ingresos de una compañía cada año? La clave para el gestor está en entender lo que representa el dividendo en proporción al flujo de caja operativo. Si es demasiado alto, podría ser una pista de un futuro complicado. Porque implicaría que la empresa no tendrá suficiente capital para seguir invirtiendo en su desarrollo. “El dividendo no puede crecer si la compañía no lo está haciendo”, apunta Rhodes. Hay casos en los que puede parecer que el dividendo está creciendo, pero solo porque el ratio de pago ha pasado del 10% al 90%. Un punto dulce para Rhodes estaría en un 30-40% del flujo de caja operativa, ya que significa que hay suficiente capital para afrontar shocks económicos y para reinvertir en el negocio. Si supera el 75% sería una alerta roja.

De hecho, es más preferible apostar por un dividendo más bajo con potencial de crecimiento. Y el porqué se ilustra con el gráfico a continuación. El efecto del interés compuesto hace que al quinto año ya compense más haber apostado por una rentabilidad por dividendo del 4% que ha crecido a un 10% que por una rentabilidad por dividendo del 6%. Y esto asumiendo que el precio de la acción no haya subido en ese tiempo.

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La disciplina del dividendo

Rhodes parte de un universo global, lo que supondría en primer lugar de más de 20.000 compañías. Con eliminar aquellas que ni siquiera reparten dividendo se queda con unas 1.500-2.000. De ahí aplican un filtro por liquidez, ya que el tamaño del fondo exige encontrar ideas que se puedan comprar y vender con agilidad. Así, buscan valores que muevan unos 10 millones de dólares al día mínimo. “Y solo entonces comienza el trabajo duro”, asegura. El gestor es estricto con las compañías que entran en cartera. No pasan el filtro si en los últimos 5 a 10 años han recortado su dividendo alguna vez. Eso le deja con un universo real de 253 ideas.

E incluso desde ahí hay que determinar un punto de entrada. “Esta estrategia no funciona si se paga demasiado al principio”, afirma Rhodes. “Debemos ser pacientes, esperar a mercados casi deprimidos”. Por poner cifras a su afirmación, la rentabilidad por dividendo de un valor en cartera históricamente nunca ha bajado del 1%, porque a partir de ahí haría falta un crecimiento muy expansivo para que compensase.

La cartera se nutre de tres tipos de compañías para generar su dividendo: de calidad, cíclicas o de crecimiento rápido. Las de calidad pueden suponer entre un 40-60% de la cartera, un rango que el gestor verdaderamente utiliza ya que la cartera ha llegado a estar en los dos extremos. Son nombres como Unilever, Starbucks o Pepsi.

La pata cíclica puede pesar del 20-35% de la cartera. Mientras que en los valores de calidad lo más normal es que las valoraciones sean meramente “razonables” –“y si no probablemente nos hayamos equivocado con su clasificación”- las compañías cíclicas sí llegan a ponerse a unos niveles críticos en cuanto a precio por lo que el gestor puede ser más oportunista. Son valores como Samsung o Schlumberger.

La última pata, la más táctica, busca compañías con un gran potencial de crecimiento estructural y puede pesar entre un 10 y un 20%.

Estos rangos no son límites fijos sino más bien una representación de cómo se ha movido el fondo en la última década. Harían falta valoraciones muy extremas para que el gestor se moviese más allá. Cuando hablamos de extremos no son correcciones, sino verdaderas crisis financieras como la de 2008. E incluso entonces las compañías de calidad representaron un 41% del fondo.