COP26: qué se ha conseguido realmente y qué se ha quedado en un bla bla bla

Conclusiones COP26, COP26: qué se ha conseguido realmente y qué se ha quedado en un bla bla bla
Firma: Markus Spiske (unsplash)

El pasado 12 de noviembre se clausuró la COP26 en Glasgow. Durante casi dos semanas esta nueva edición de la Cumbre del Clima sirvió a Gobiernos y empresas para mostrar sus cartas en cuanto a cómo lograr un objetivo. El de limitar el calentamiento global a 2 °C, preferiblemente a 1,5 °C, respecto de la temperatura media de la era preindustrial que ya se contemplaba en los Acuerdos de París. Y los compromisos adquiridos en esta cita van en la buena dirección. Siempre y cuando no se queden en una mera intención y se materialicen en los próximos años.

¿Cuáles han sido esos compromisos? Quizá uno de los más importantes sea el que implica la intención de reducir las emisiones netas. “El 90% de la economía mundial se ha comprometido a alcanzar las emisiones netas cero en los próximos 30 o 50 años, pero las ambiciones siguen siendo inferiores a los objetivos de París”, explica Silvia Dall’Angelo, economista Senior del negocio internacional de Federated Hermes. De hecho, según los cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los compromisos actualizados de los gobiernos situarían al mundo en una trayectoria de calentamiento postindustrial de 1,8°C, frente a los 2,1°C de antes de la COP26, pero todavía por encima del crucial umbral de 1,5° C. Un reto que, según explica Goldman Sachs, implica "un total de 56 billones de dólares en inversiones en infraestructuras verdes para alcanzar el objetivo de Carbono Neto Cero en 2050, lo que representa aproximadamente el 2,3% del PIB mundial en su punto máximo".

Menos metano

Otro de los puntos que ha despertado optimismo es el acuerdo en cuanto a la reducción en un 30% para 2030 de las emisiones de metano. El titular está bien pero lo cierto es que países como China, Rusia e India que se resistieron a firmarlo, y, como explican desde Portocolom, suponen el 35% de emisiones de metano. No obstante, posteriormente China sí acabó comprometiéndose, en un acuerdo con EE.UU. a "desarrollar un plan de acción nacional integral y ambicioso sobre el metano con el objetivo de lograr un efecto significativo en el control y las reducciones de las emisiones de metano en la década de 2020", según el comunicado conjunto emitido por ambos países

También se alcanzó un acuerdo mundial para poner fin a la deforestación en 2030. Ahí sí fue importante que en dicho acuerdo se incluyeran países como Brasil, donde se encuentra la mayoría de la superficie de la selva amazónica.

El necesario impulso del sector financiero

En la cita también hubo espacio para la contribución que puede generar el sector financiero a esa lucha contra el cambio climático. "El sector financiero privado demostró una fuerte voluntad de desempeñar su papel en la financiación de la transición a la energía neta cero, con la adhesión de 450 actores al GFANZ", explican Eva Cairns, directora de estrategia de cambio climático y Jeremy Lawson, economista jefe de abrdn. En concreto la cifra comprometida implica una inversión de 130 billones de dólares para lograr un a economía neta cero en 2050.

Además, fueron muchas las gestoras de inversión que aprovechando la cumbre de Glasgow anunciaron sendas iniciativas para contribuir a esa reducción de las emisiones. Algunas optaron por sumarse a iniciativas como la de Net Zero AM o anunciando planes individuales de colaboración con otros organismos.

La ayuda a países en desarrollo sigue en stand by

Uno de los puntos que más se esperaba de la Cumbre era cómo se articularía el plan para regular el fondo anual de 100.000 millones de dólares por parte de los países ricos en favor de los países más pobres, para ayudarles a financiar su transición energética. Sobre este asunto, por ejemplo, las naciones ricas, incluidos los EE. UU. y el Reino Unido, anunciaron 8.500 millones de dólares para acelerar la transición energética de Sudáfrica. Sin embargo, no se avanzó mucho más en ese objetivo de movilizar 100.000 millones de dólares para ayudar a las naciones con menos recursos. 

Y quizá por ello no sorprenda de ahí la negativa de algunos países como China e India de solicitar cambiar  la "eliminar" por "reducir" el uso de carbón. Algo que fue muy criticado por otros países participantes de la Cumbre, principalmente de ese lado del mundo más desarrollado.

"Los países desarrollados se apresuran a juzgar a las economías en vías de desarrollo que suavizan el lenguaje de los compromisos, ya que se mueven en el delicado equilibrio entre la reducción de la intensidad de carbono de sus economías y el mantenimiento del crecimiento necesario para elevar el nivel de vida", explica Cairns.Y continúa afirmando que "su indignación moral estaría justificada si ellos mismos hicieran una transición más rápida y apoyaran mucho más al Sur del planeta, para quienes el coste de la reducción y los impactos físicos del cambio climático suelen ser mayores".

En todo caso, si bien hubo avances de calado en cuanto a los compromisos que se adquirieron queda ahora lo más difícil: cumplir dichos acuerdos. "La principal conclusión de esta COP puede ser que nos debamos centrar menos en promesas genéricas y más en la implementación de estas", afirma Gilles Möec, economista jefe de Axa IM. De hecho, la activista climática Greta Thunberg resumió en tuiter así la Cumbre de Glasgow: "La COP26 se ha terminado. Aquí un breve resumen: bla, bla, bla". Ojalá le puedan demostrar que estaba equivocada.