La idea detrás de la inversión value es simple: las compañías menos caras tienden a largo plazo a registrar un mejor comportamiento que las compañías más caras. Los inversores tienen principalmente dos argumentos de por qué este estilo de inversión funciona: los sesgos de comportamiento y las primas de riesgo. La mayoría de ellos se focalizan en los valores con las perspectivas de su crecimiento futuro, haciendo además que los títulos ya infravalorados sean menos caros de lo que deberían serlo. A pesar de estos argumentos, si bien el value en los últimos diez años ha quedado como un factor rezagado con respecto al mercado, la reciente actividad de mercado está comenzando a sugerir la posibilidad de un regreso de este estilo de inversión.
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