El alegato de Iván Martín contra la complaciente inversión en empresas de calidad

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En todas sus conferencias para inversores y entrevistas, el cofundador y director de Inversiones de Magallanes Value Investors, Iván Martín, recuerda la importancia de la psicología humana a la hora de tomar decisiones de inversión, una relación que analiza en profundidad en la última carta trimestral de sus fondos. En ella, explica el motivo -psicológico- por el cual los inversores tienden en mayor medida a tomar posiciones en empresas “de calidad” que, sin embargo, no siempre resultan ser buenas inversiones.

Uno de los errores más comunes cometidos por los inversores es tomar decisiones importantes guiados por sus sentimientos, no siendo siempre capaces de mantener un nivel emocional estable, reflexivo, autocrítico y frío. En la toma de decisiones bajo situaciones de incertidumbre, el cerebro actúa -por estar programado así- decidiendo en aquello que a la persona en cuestión le resulta familiar y cercano y, por el contrario, tiende a evitar situaciones desconocidas, debido a un acto reflejo primitivo basado en la supervivencia, explica Martín, haciendo una analogía con la decisión de qué empresa comprar en un entorno de incertidumbre.

“La habilidad de obtener conclusiones válidas dentro de un entorno cuya información disponible es imperfecta, representa un factor diferencial para el éxito en la gestión de inversiones”, defiende. Como esquematiza, con información pobre y confusa, el precio de los activos es generalmente bajo. Sin embargo, cuando se espera demasiado a que la información sea perfecta y precisa, se corre el riesgo de perder importantes oportunidades de inversión. Así pues, señala el gestor defensor del value investing, “el factor emocional es el peor enemigo del inversor, llegando a generar una de las grandes aberraciones del mercado de valores: el paradigma de la calidad”.

La inversión en empresas “de calidad” consiste en comprar y mantener empresas con un alto nivel de certidumbre, que operan en entornos muy favorables y gozan del beneplácito de la comunidad inversora, pero cuyas valoraciones son muy elevadas. Pero “no hay que olvidar que una buena compañía no tiene por qué ser una buena inversión”, recuerda Martín. Cuando una empresa es considerada como “buena” por el consenso, su precio es alto, y cuando es considerada como “mala”, su precio es bajo, y “cuando se compra caro, la probabilidad de cometer errores aumenta”.

El corrector: la reversión a la media

“En finanzas, hay una regla básica que corrige los excesos: la reversión a la media”, asegura el director de Inversiones de la boutique española. Esta teoría viene a decir que “no hay empresa que pueda vivir perpetuamente en estado de gracia, ni negocio condenado al fracaso eterno, salvo fraude o quiebra por insolvencia”. Las empresas buenas, tarde o temprano, tienen que enfrentarse a retos como, por ejemplo, un mayor número de competidores, y eso hará que los buenos números de rentabilidad tengan que revertir a la media, por debajo de los niveles acostumbrados. Y esto “forma parte de los ciclos normales de todo negocio”.

El problema surge, según Martín, cuando las personas, movidas por las emociones, extrapolan los ciclos más allá de lo razonable, convirtiendo las “empresas buenas en increíblemente caras” y “las desfavorecidas en ridículamente baratas”. Por eso, pone en perspectiva, “la reversión a la media corrige, de forma generalmente traumática, dichos extremos”. De esta forma, la decisión de estar en un lado u otro -o en un extremo u otro- es vital para el inversor, ya que la reversión a la media puede actuar muy negativamente en sus posiciones si ha comprado caro -por muy buenas compañías tenga en cartera- o muy positivamente si ha comprado barato.