El buen gobierno: ¿el talón de Aquiles del sector tecnológico?

El buen gobierno del sector tecnológico, El buen gobierno: ¿el talón de Aquiles del sector tecnológico?
De izqda. a dcha.: Antonio Hormigos (Sabadell AM), Elena Delfino (Aegon AM), Guzmán Hernández (Unigest), Jaime Espejo (Imantia) y María Jesús Pardell (CaixaBank AM). Firma: FundsPeople.

El sector tecnológico es muy poco contaminante y destaca por su eficiente gestión del capital humano. Podría parecer que encaja perfectamente en una cartera con características ASG. Pero hay nubes en el horizonte. Aspectos como el tratamiento de los datos o de la publicidad están cobrando importancia y pesan cada vez más en las decisiones de inversión.

No todo es negativo. Por ejemplo, un argumento a favor de incluir a estas empresas en la parte sostenible de las carteras es que ellas mismas son un medio que usar por otras compañías para lograr objetivos relacionados con la ASG. Sobre estas oportunidades y los riesgos y limitaciones del sector tecnológico en el ámbito de la sostenibilidad debaten varios gestores en un desayuno organizado por FundsPeople y patrocinado por Aegon AM.

Hay que ser más selectivo

Antonio Hormigos, especialista en inversiones de Sabadell AM, cuenta que, según la experiencia de la casa (que integra a Amundi), en un principio a todo el mundo le preocupaba mucho el aspecto medioambiental, “pero en los últimos trimestres estamos avanzando en el conocimiento de todos los criterios ASG, y estamos dando más importancia a los de gobierno corporativo y de relación de las empresas con sus clientes, y un aspecto básico en la relación de las compañías tecnológicas con su base de clientes es, por ejemplo, la privacidad de los datos”.

Explica que en el caso de este sector está muy claro que existe cierta desconfianza de los clientes en cuanto al tratamiento de sus datos, presencia de publicidad en sus pantallas... “Desde el punto de vista de la inversión, va a haber más desarrollo en este ámbito en los próximos meses que nos va a obligar continuamente a replantear la composición de nuestras carteras: las gestoras van a tener que ser más estrictas y la regulación va a acabar afectando a las compañías”.

Pronostica que los gestores van a tener que ser más selectivos. “Podemos encontrarnos en la tesitura de tener que eliminar o reducir mucho la presencia en cartera de determinados gigantes de la tecnología por capitalización”.

Integrando la ASG desde los inicios

Esto es un punto débil del sector en lo que respecta a la sostenibilidad. Pero también tiene sus fortalezas. Jaime Espejo, gestor de renta variable de Imantia, destaca que cuenta con “la ventaja de ser una industria relativamente reciente y en constante desarrollo, y ese mayor dinamismo hace que se hayan estado integrado desde antes los factores ASG, tanto los relacionados con el medioambiente, como con la implicación social de la compañía y, en menor medido quizá, con los vinculados al gobierno corporativo”.

En relación a esto último comenta que los problemas muchas veces surgen por el origen mismo de las empresas: “Muchas veces mantienen al fundador como principal directivo de la compañía, lo que imprime un carácter excesivamente personalista a la gestión de la firma, lo que, a veces, puede detraer transparencia y perjudicar al gobierno corporativo”.

Destaca como elemento positivo el hecho de que muchas compañías tecnológicas sirven, a su vez, para alcanzar objetivos sostenibles de la economía. “La tecnología permite una mejor utilización de los recursos en los diferentes estados de la producción, así como en la propia evolución de la economía”. Por este motivo considera que es un sector interesante para añadir a las carteras en la parte sostenible.

La eficacia del engagement

“El tema del buen gobierno es muy importante cuando se realiza un acercamiento a las inversiones con una mentalidad sostenible”, comenta Elena Delfino, responsable de Aegon AM para España. Añade que muchas empresas de tecnología, “en particular las más jóvenes y de rápido crecimiento, a veces lo tienen bastante débil en comparación con los valores generalmente aceptables”. Un mayor poder de voto de los fundadores, consejos a medida, falta de independencia…, “este tipo de actitudes pueden ser un desafío para mantener a las empresas con estándares eficientes en inversión sostenible”. En este punto destaca la importancia del engagement. “Nosotros nos enfocamos más en pequeñas y medianas empresas, y a menudo se consigue mejorar este tipo de elementos dentro del análisis sostenible”.

También pone sobre la mesa el hecho de que la irrupción del COVID-19 ha contribuido a cambiar la percepción de la opinión pública respecto al sector. “La posibilidad que estas compañías nos han dado de comunicarnos en plena pandemia ha favorecido las relaciones”. Y en otros aspecto también destaca lo que ha ayudado la tecnología a la secuenciación del genoma o a desarrollar la vacuna.

Otro tema que aborda es el de la regulación, “un tema complicado desde la perspectiva de la inversión”. Explica que muchos gobiernos pretenden controlar el enorme poder potencial de algunas empresas de este sector, “y en algunos casos, como en China, lo consiguen”. Asegura que hay que estar muy atentos al tema de la privacidad de los datos. “Es algo que nos preocupa mucho y que a menudo nos hace descartar firmas del sector”.

El análisis de la gobernanza y el capital humano

“La integración de los criterios ASG en nuestro proceso de selección de valores implica que conseguimos carteras más estables en el medio y largo plazo. Y también con más probabilidad de éxito tanto por estar integrada por empresas sostenibles que cumplen las reglas principales que se le exigen a los gobiernos corporativos como las de gestión del capital humano, esencial para el sector de la tecnología. Además, en el caso concreto del sector tecnológico, también se tienen en cuenta cómo se trata al ecosistema y se cuida las emisiones contaminantes, por ejemplo, de la energía calorífica que muchas de las máquinas producen”, comenta María Jesús Martínez, gestora sénior en CaixaBank AM.

Explica que en el caso del capital humano es un indicador específico que analizan a la hora de realizar la selección de valores. “Miramos si dentro de las compañías hay realmente perfiles idóneos para el desarrollo de los puestos de trabajo; la diversidad, no solo de género sino también de contenidos; que la selección de los puestos se decida por la formación y la calidad en la ejecución; que los sistemas de pagos a los empleados establezcan alguna relación con el performance que obtienen. Y que todo ello genere una cultura social de la empresa que fomenten la innovación y el desarrollo transversal en la misma, y que eso en el medio-largo plazo dé sus frutos, se vea en los nuevos productos, y al final genere ventas y beneficios”.

Desde el punto de vista del gobierno corporativo “tratamos de buscar la independencia de los miembros del Consejo de Administración, que haya diversificación y que sus miembros sean idóneos, que consideren y analicen los procesos de trabajo necesarios para lograr los resultados que se ha marcado la compañía, todo ello acompañado de un proceso de control de calidad”.

De la exclusión al best in class

Guzmán Hernández, gestor sénior de Unigest (Grupo Banco Unicaja), destaca cómo, gracias a una aproximación más científica a la sostenibilidad, ha evolucionado la metodología, desde la aplicación de criterios de exclusión a la incorporación de otras visiones como, por ejemplo, la de la integración o el best in class, que considera un enfoque más enriquecedor e interesante.

También apunta que hasta hace poco se consideraba que los gestores no hacían esfuerzos en sostenibilidad porque esta estaba reñida con la rentabilidad. “Pero aquí surge el término de materialidad. Ahora, al haber más capilaridad e indicadores, se está empezando a detectar lo que es material para una compañía y lo que no lo es para incorporarlo en las valoraciones de las empresas. En este ámbito es interesante el tema de los factores, que se emplean para detectar las características que explican o pueden pronosticar los rendimientos de los activos de una cartera. Hay personas dedicadas a descubrir o crear factores ASG, pero, de momento, es difícil porque la información que da un supuesto factor ASG está incluido en otros que ya existen”.

Cuenta que el más correlacionado con la ASG es el factor de la calidad. “Una característica común de las compañías que se consideran con calidad ASG es el alto nivel de transparencia y comunicación en esta materia. Las compañías que han crecido hasta controlar sus sectores han tenido más medios para adaptar sus prácticas y la publicación de estas mejoras que empresas más pequeñas, por lo que hay mayor correlación entre tamaño, calidad y transparencia”. También coincide con otros participantes en el debate en la importancia del stewardship y el engagement.