China está intentando salir de lo que popularmente se conoce como una tormenta perfecta. Son varias las circunstancias que han frenado su impulso económico y enfriado el interés de los inversores por su mercado. Casi todas son de índole político: una estrategia de COVID cero que ha hecho descarrilar su trayectoria de crecimiento, represión regulatoria contra los gigantes tecnológicos chinos que han deprimido las perspectivas de las empresas que han impulsado el avance de su mercado, temor a que el país se tenga que enfrentar a sanciones occidentales por ponerse del lado de Rusia, la exclusión por parte de la SEC de aquellas compañías chinas que no cumplen con las leyes estadounidenses de auditoría…
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