¿Estamos ante la edad de oro del asesoramiento financiero?

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John Schnobrich (Unsplash)

El asesoramiento en España ha experimentado en los últimos años un crecimiento vertiginoso que ha ido de la mano de una mayor regulación. Y en cuanto a la calidad del asesoramiento, nada que envidiar a nuestros países vecinos. Santiago Sartrústegui, presidente de EFPA España, señalaba, en el discurso de bienvenida de las jornadas que realizó EFPA en el marco de la semana de la educación financiera, que “el asesoramiento financiero en España se ha puesto a un nivel muy alto en comparación con los europeos”.

Durante los dos días en los que tuvo lugar las jornadas que tuvieron como lema Asesorando hacia la recuperación, las ideas más repetidas fueron digitalización, entorno de mercado complicado, disrupción, gestión de emociones e individualización de la casuística del cliente. Todo ello bajo el paraguas de la necesidad de una mejor y continua formación para afrontar periodos de volatilidad como los vividos a raíz de la crisis del COVID.

No hay muchos cambios, sí más formación

La pregunta era obvia, ¿los inversores se han comportado diferente en esta crisis? Precisamente, una encuesta de EFPA desvela que tres de cada cuatro asesores creen que la pandemia impulsó una mayor preocupación de los clientes por la gestión de sus finanzas. Parece que no. Los cambios en el comportamiento del cliente no han sido tantos. Pero la crisis sí que ha servido para confirmar que las personas son más irracionales y/o emocionales de lo que se puede creer. Es en este momento cuando la labor del asesor financiero cobra un papel protagonista ya que debe ser capaz de individualizar la situación particular del cliente.

Por otro lado, también se debatió de qué manera ha influido la digitalización en el papel del asesor. Esta ha supuesto un reto en cuanto a nuevos jugadores y acceso a información que, si no es bien analizada, puede llevar a tomar malas decisiones. De ahí, la necesidad de un asesoramiento profesional. En este sentido, José Miguel Maté, vicepresidente de EFPA, aprovechó para subrayar la figura del asesor. “Nuestra labor desde EFPA es cuidar que nuestro trabajo sea valorado y que nadie entre por debajo de la regulación. Hay que ofrecer un servicio de calidad y mantener un trato personalizado. El mercado es un reto; nos obliga a seguir aprendiendo y mejorando”. 

Todo ello sin olvidar que la gestión de activos tiene un eje central en la actualidad y no es otro que la sostenibilidad. De la que también hay que ser conscientes como inversores del riesgo financiero que comporta hacer oídos sordos al cambio climático y también de la creación y aporte de valor que conlleva. El titular fue claro. La sostenibilidad es rentable y ese mensaje se debe trasladar a los inversores.  

¿Se puede concluir que estamos ante la edad de oro del asesoramiento financiero? Las jornadas confirmaron que nos encontramos ante un océano de posibilidades, pero hay que estar preparados para afrontar sucesos extremos como los vividos. Adaptarse al entorno cada vez más complejo, aceptar la volatilidad, intentar dejar las emociones a un lado… Y el papel del asesor se torna clave ante este escenario.