El lunes 9 de marzo los mercados amanecían con una nueva mala noticia que cotizar: la guerra entre Arabia Saudí y Rusia por la fijación de los precios de un petróleo que, ya antes de que abrieran los mercados europeos, retrocedía más de un 30% . Esto, unido al incremento del miedo a que el impacto del coronavirus en la economía mundial no sea tan a corto plazo como en un principio se esperaba, fue un cóctel molotov que dejó a los principales índices bursátiles con caídas diarias que no se habían visto desde Lehman Brothers o el Brexit.
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