Guerra comercial: ¿deben los inversores estar preocupados por sus inversiones?

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Aline de Nadai on Unsplash

Los temores de una guerra comercial han aumentado debido a los planes anunciados por la Administración Trump de aplicar aranceles punitivos sobre un monto de hasta 60.000 millones de dólares en importaciones de China. Estados Unidos ahora tiene 15 días para anunciar a qué productos se aplicará. Como respuesta, el Ministerio de Comercio de China ha anunciado sus propios planes de aranceles de 3.000 millones de dólares para las importaciones de carne de cerdo, acero, aluminio reciclado, ginseng y vino de EE.UU. Por tanto, podría decirse que, hasta el momento, las cantidades objetivo son relativamente modestas en comparación con un comercio bilateral de bienes entre los dos países de más de 600.000 millones de dólares.

Por ejemplo, los aranceles previamente anunciados por Donald Trump sobre las importaciones de acero y aluminio realmente tendrían un impacto mínimo en China. Las exportaciones de acero de China a EE.UU. representan alrededor del 0,1% de la producción total, y las exportaciones de aluminio representan alrededor del 2% de la producción total. Sin embargo, existe el riesgo de que estos anuncios marquen el inicio de conversaciones comerciales difíciles, para una serie de sectores, entre las dos economías más grandes del mundo. ¿Cómo puede afectar esto a los mercados emergentes? Desde M&G Investments y Legg Mason han querido tratar de responder a estas preguntas.

Según Ana Cuddeford, directora de inversiones del equipo de multiactivos de M&G Investments, por sí mismas, las medidas anunciadas hasta el momento tendrían, en el caso de ser implementadas, un efecto limitado en la economía estadounidense. No obstante, la experta considera que debemos tener en cuenta la posibilidad de que su repercusión sea mayor con el tiempo, por ejemplo, en los puestos de trabajo de los sectores en cuestión, como el automovilístico del país, si estas se traducen en un incremento de los precios de los automóviles y, por consiguiente, en una menor demanda. "Lo que preocupa a muchos inversores es la posibilidad de que estas medidas constituyan únicamente el primer paso, tanto en términos de hasta dónde llegará Estados Unidos como de las posibles represalias que pudieran emprender otros países", afirma.

La hipótesis central del equipo es que no se producirá una guerra comercial sin cuartel, pero, en vista de que la situación cambia a diario, permanecerán vigilantes. "La globalización ha desempeñado un importante papel en las rentabilidades de todos los activos en las últimas décadas, ya sea fomentando unos datos de inflación y unos rendimientos de la renta fija inferiores o gracias a la capacidad de las multinacionales para arrojar unos beneficios más sólidos que en el pasado. El proteccionismo podría contribuir a revertir estas tendencias, si bien está por ver si es posible desmantelar la globalización en un mundo cada vez más interconectado, así como si los políticos están realmente dispuestos a cerrar sus economías. No obstante, en este momento, no creemos haber llegado a esa situación”, señala.

Desde RARE, filial de Legg Mason, entienden que las medidas emprendidas por la Administración Trump desde que asumiera el cargo han incrementado el riesgo político de Estados Unidos. "Algunos participantes del mercado consideran que las recientes flu ctuaciones de los precios de las acciones indican que los mercados de renta variable están descontado este aumento del riesgo, es decir, el problema no radica tanto el comercio, sino en la  incertidumbre sobre la situación política general. Dado que los aranceles afectan a los flujos comerciales, los operadores de las infraestructuras de pago, como los puertos, las carreteras y la red ferroviaria, serán los más expuestos al arancel impuesto por Estados Unidos a las importaciones chinas".

Tal y como indican desde la entidad, si finalmente se implementa el arancel propuesto sobre las importaciones chinas, ello probablemente cambiará la dirección del flujo de comercio que sale de China, no el volumen. En otras palabras, resulta probable que los bienes se exporten a otros países, en vez de a EE.UU. Para los operadores de puertos, esto podría traducirse en que el volumen de transporte se mantenga o incluso aumente, lo que tendría un efecto positivo en la infraestructura necesaria para apuntalar el cambio de dirección del comercio. Por ejemplo, el cambio en la frecuencia en la ruta de China a EE.UU. podría colmarse con un aumento de los envíos desde China a Europa", auguran.