El conflicto en Ucrania ha puesto de relieve el vínculo entre el cambio climático, la seguridad nacional y la dependencia energética. Invertir en transición energética se torna clave. Europa recibe de Rusia en torno a un 40% de su gas (a través de gasoductos que en ciertos casos atraviesan Ucrania) y cerca de un 25% de su suministro de petróleo crudo. El riesgo de disrupciones serias del abastecimiento de gas y petróleo han hecho que sus precios se disparen.
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