Más allá de fomentar la cultura financiera y canalizar el ahorro hacia inversiones, la Unión del Ahorro y la Inversión (SIU) se enfrenta a un desafío estructural: cómo simplificar el marco regulatorio y supervisor europeo sin debilitar la protección del inversor ni la estabilidad financiera. La idea de proporcionalidad, coordinación y simplificación normativa se repitieron como las condiciones necesarias para que la iniciativa prospere. Estas fueron las conclusiones de la jornada "La Unión de Ahorros e Inversiones: una oportunidad para racionalizar y simplificar la regulación de los servicios financieros", organizada por el Instituto Español de Analistas y finReg360.
El informe presentado por ambas instituciones propone una hoja de ruta para racionalizar y simplificar la regulación de los servicios financieros en la Unión Europea. En ella está un calendario coordinado entre autoridades europeas, la codificación de reglas dispersas en un single rule book accesible y un régimen de proporcionalidad real para entidades pequeñas y medianas.
Víctor Rodríguez Quejido, director general de Política Estratégica y Asuntos Internacionales de la CNMV, incidió en la necesidad de mejorar la eficiencia, pero advirtió sobre el equilibrio entre simplificar y proteger al inversor, uno de los objetivos que más persigue el regulador español: “Las medidas de fomento del mercado tienen que generar mayor agilidad y facilidad, pero hay que tener siempre en la balanza el no perjudicar el objetivo principal por el que la normativa existe.” Añadió, además, que el cambio cultural es inseparable de la experiencia del cliente: “Hay que lograr que la experiencia de cliente no le expulse de la voluntad de querer activos en el mercado, sobre todo en el mercado de valores.”
Proporcionalidad y coherencia normativa
Gloria Hervás, Global Head of Public Policy de Banco Santander, insistió en que “la Comisión Europea ha definido la competitividad y el crecimiento como pilares de su estrategia, y con gran determinación, consciente del momento crítico en el que estamos”. Asimismo, añadió que “todas las medidas incluidas en la SIU son importantes, pero ellas solas no funcionarán si no van acompañadas de medidas para simplificar y racionalizar el marco regulatorio, dotando al marco de mayor predictibilidad y transparencia en los requerimientos. Ahora urge actuar. El sentido de urgencia tiene que guiarnos en nuestras decisiones”, concluyó.
El debate sobre la proporcionalidad también ocupó un lugar central. Cristina Freijanes, secretaria general de UNACC, destacó una propuesta concreta: “Intentar extraer de las normas cuáles son de conducta, de modo que toda la normativa de conducta pueda formar un cuerpo único aplicable a distintos productos.” Para ella, unificar reglas que hoy se reparten entre crédito al consumo, crédito inmobiliario o MiFID permitiría “una supervisión coherente y una mejor comprensión para el cliente.”
Elegir bien el instrumento legislativo
Desde CECA, Arantzazu Rodríguez, su directora de Regulación, añadió una dimensión clave: elegir bien el instrumento legislativo. “La preferencia por las directivas en asuntos clave da lugar a diferentes implementaciones por parte de los Estados miembros, incluso a añadir requisitos extra -el llamado gold plating-. Optar por reglamentos en ciertos aspectos puede avanzar hacia una mayor uniformización regulatoria, simplificación y un verdadero mercado único de servicios financieros.” A ello suma otro frente pendiente: “Abordar la sobrecarga de información que reciben los inversores minoristas”, un exceso que, lejos de proteger, “desalienta y confunde.”
Por su parte, Christian Castro Head of Public Affairs de CaixaBank, amplió la perspectiva hacia el contexto geopolítico. “La SIU, a diferencia de la Capital Markets Union, sale en un contexto internacional de competitividad y autonomía estratégica. Es un ángulo muy importante para la voluntad política, la visión de las medidas y para decidir acciones alineadas con ese objetivo estratégico.” También propuso avanzar “de la simplificación regulatoria a la simplificación supervisora”, incluso mediante “una ómnibus de supervisión” que coordine niveles y tiempos de ejecución.
Hacia una supervisión centralizada
Víctor Rodríguez avanzó que la Unión Europea va a poner una propuesta a mediados de diciembre respecto al objetivo de avanzar en una supervisión centralizada. "Por nuestra parte, nos parece que hay áreas donde podría tener sentido la supervisión centralizada en Europa por ESMA.” Enumeró los casos concretos: “Criptoactivos, que son una actividad transfronteriza por naturaleza; infraestructuras de mercado transnacionales o la post-contratación, donde ahora mismo hay varios supervisores y no es el modelo más eficiente", apuntó.
No obstante, defendió una implementación gradual: “También podría ser razonable establecer umbrales para decidir qué entidades van a supervisión directa y cuáles no, y hacerlo por fases.” El reto, dijo, es no sacrificar la eficacia local: “Más complicado lo veo en la supervisión de cotizadas, ahí el valor está en la proximidad.” Para Arantzazu Rodríguez, la clave es pragmática: avanzar hacia una “mayor integración supervisora” sin caer en la tentación de legislar por exceso. Y para Gloria Hervás, la meta es doble: “Menos complejidad y más efectividad”, con menos capas intermedias y más claridad sobre qué se espera de cada actor.
La base: un cambio cultural
La SIU nace con un propósito ambicioso: canalizar más recursos hacia los mercados de capitales para financiar la economía europea. En su esencia, busca equilibrar dos realidades que en España y en Europa todavía conviven con fricción: la dependencia del crédito bancario y una cultura inversora aún limitada. "Para conseguir esta mayor canalización vía mercado, que es el objetivo fundamental de todo este proyecto de fondo, hace falta un cambio cultural", insitió Víctor Rodríguez. Ese cambio, añadió, implica que “tanto las empresas como los inversores piensen más en el mercado que en la acción bancaria.” Para Rodríguez, “unos incentivos fiscales bien enfocados y adecuados sí que van a tener un impacto a corto plazo y permitirán, a partir de ahí, construir un ecosistema y una cultura que cambien un poco el mix de financiación que tenemos en España.”
En la misma línea, Cristina Freijanes insistió en que “la educación financiera tendría que estar incluida en los currículos de los estudiantes”. Y recordó que no basta con transmitir conocimientos: “Requiere competencias, y esas competencias deben ir, además, anudadas a competencias digitales.”
Por su parte, para Gloria Hervás hay tres prioridades: “Favorecer la inversión a largo plazo, las titulizaciones, que son un nexo de unión buenísimo entre banca y mercados, y la coordinación real entre la Savings and Investments Union y la Banking Union.”




