“La fuga de depósitos que se está percibiendo desde las entidades financieras de la periferia europea hacia bancos del núcleo duro europeo es una respuesta completamente racional a la percepción de aumento en el riesgo de la desintegración de la moneda única, ya que supondría una inmediata apreciación del marco alemán con respecto al dracma o la peseta”. Así al menos lo cree Mike Riddell, gestor de renta fija de M&G Investments, quien considera que esta huida de capitales resulta “extraordinariamente preocupante, puesto que en ausencia de garantías puede llevar al pánico bancario y al colapso soberano”.
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