El riesgo de la transición climática

Lucia Catalan Noticia
Cedida por GSAM.

TRIBUNA de Lucía Catalán, directora general para Iberia y Latinoamérica, GSAM. Comentario patrocinado por Goldman Sachs AM.

El equipo cuantitativo de Goldman Sachs Asset Management ha incorporado en los últimos meses el riesgo de transición climática en la gestión de sus fondos de renta variable denominados CORE. Este avance refleja la convicción del equipo de que la transición hacia una economía con unos bajos niveles de carbono en el futuro puede tener un impacto significativo en las finanzas corporativas. Mientras creemos que el mercado ha comenzado a reflejar este riesgo de transición climática en las cotizaciones en bolsa, este proceso de ajuste no ha acabado todavía, y el riesgo a la baja en las valoraciones en bolsa permanece.  

En nuestra opinión, los cambios en la política de los gobiernos, en la tecnología y en las preferencias de los consumidores como consecuencia del impacto social y económico del cambio climático tienen implicaciones importantes para los modelos de negocio, la estructura de costes y los flujos de ingresos futuros.   

Las compañías que dependan más de los combustibles fósiles estarán expuestas a un mayor riesgo. Esto incluye empresas en el sector energético que producen dichos combustibles, así como compañías en el sector del transporte, de la energía y de los servicios públicos como electricidad o gas, que consumen grandes cantidades de combustibles fósiles. Incluso aquellas empresas que no sean grandes consumidoras por sí mismas, podrían verse afectadas a través de su cadena de suministro, o bien por la comercialización de productos que son grandes consumidores de energía.

Los costes directos e indirectos

Los costes asociados con la transición climática pueden ser costes directos, por ejemplo, un impuesto sobre el carbono, o costes indirectos como una caída de la demanda del consumidor. Estos costes incrementales son asumidos por las compañías a lo largo de toda la cadena de valor, y finalmente por el consumidor final. Para poder cuantificar el riesgo de una determinada compañía, usamos un marco para asignar estos costes adicionales directos e indirectos a las empresas a lo largo de la cadena de valor del carbono.   

El objetivo de nuestro equipo cuantitativo es reducir el riesgo de transición climática, medido con respecto a emisiones presentes y futuras, en las carteras en un 25% relativo al de su índice de referencia. Reconocemos que una reducción de este calado no es por sí misma suficiente para resolver los amplios riesgos asociados con el cambio climático. Es posible que los inversores necesiten ajustar sus carteras de renta fija, y asignar capital a soluciones climáticas a través de fondos temáticos. Sin embargo, en nuestra opinión, un 25% como objetivo consigue lograr un equilibrio sensato entre los niveles de alfa por factores climáticos estratégicos frente a los tácticos, y representaría un fuerte complemento a estrategias más concentradas.

Para ello, hemos desarrollado dos métricas que tratan de capturar el riesgo de transición climática: la intensidad de las emisiones combinadas y la intensidad de las emisiones incorporadas.

Intensidad de las emisiones combinadas…

En primer lugar, a través de la intensidad de las emisiones combinadas, vamos a medir las emisiones actuales de efecto invernadero (GHG), un dato relevante para cada una de las empresas en el universo de la renta variable global porque todas las compañías en mayor o menor grado, dependen de los combustibles fósiles. Por ejemplo, la mayoría de los productores de energía eléctrica utilizan combustibles del carbón, lo cual significa que prácticamente la mayoría de los consumidores de electricidad son responsables de forma indirecta de las emisiones de CO2.

Si lo comparamos con un modelo más convencional que asigna un peso por igual a los distintos tipos de emisiones, la métrica de emisiones combinadas otorga un riesgo de transición más alto a los productores de combustibles fósiles y un riesgo más bajo a los consumidores de dicha energía. Creemos que tiene más sentido dado que va ser más difícil para las compañías energéticas alinear sus modelos de negocio hacia la descarbonización que para los consumidores. Por ejemplo, una empresa eléctrica que es capaz de reemplazar turbinas de vapor por turbinas de viento.

…e intensidad de las emisiones incorporadas

En segundo lugar, con la intensidad de las emisiones incorporadas vamos a medir el impacto económico de las emisiones futuras que resultarían de la extracción y consumo de las reservas de combustibles fósiles. El valor de mercado de las empresas de energía no solo depende de sus ventas actuales de carbón, petróleo y gas, sino también de sus ventas futuras. Por tanto, dado que la transición hacia una economía con bajo nivel de emisiones va a reducir la demanda de combustibles fósiles, el valor de dichas reservas probablemente caiga también, lo que va a incrementar el riesgo de activos varados para aquellas compañías con niveles de reservas significativos.

Estas dos métricas van a ajustarse a la capitalización bursátil de la compañía. Esta elección es consistente dado que el tamaño de la posición de un inversor en una compañía representa el tamaño de las emisiones de las cuales es propietario y es responsable dicho inversor. Además, dado que el valor de una empresa en bolsa refleja su rentabilidad y su condición financiera en su conjunto, el medirlo por capitalización de mercado ayuda a controlar la resiliencia de cada compañía a un incremento en el coste del carbón dado que nuestras dos métricas de riesgo climático están inversamente relacionadas al precio de las acciones.

Un gran reto por delante

En conclusión, creemos que el cambio climático es uno de los retos más importantes para los inversores. El impacto a largo plazo del cambio climático en la rentabilidad financiera de las compañías es potencialmente de gran calado y difícil de evaluar al mismo tiempo dadas las incertidumbres en política, tecnología y preferencias de los consumidores. Las distintas empresas van probablemente a gestionar esta incertidumbre de formas distintas, creando ganadores y perdedores en los próximos años y décadas.

Es una tarea difícil el capturar los efectos potenciales de la transición climática a la hora de diseñar un proceso de inversión. Sin embargo, los inversores y los gestores no deberían ignorar dichos riesgos cuando asignen capital y lleven a cabo sus responsabilidades fiduciarias. Es por esta razón, que nuestro equipo de gestión cuantitativa ha incorporado estas métricas de riesgo climático en la gestión de nuestras estrategias de renta variable core.


En la Unión Europea, este material ha sido aprobado por Goldman Sachs Asset Management Funds Services Limited, que está regulado por el Banco Central de Irlanda. 

Las opiniones expresadas son únicamente con fines informativos y no constituyen una recomendación por parte de GSAM para comprar, vender o mantener un valor. Las opiniones están actualizadas a la fecha de esta presentación y pueden estar sujetas a cambios, no deben interpretarse como consejos de inversión.

Este material ha sido preparado con la contribución de GSAM y no debe interpretarse como investigación financiera o asesoramiento de inversión. No se preparó de conformidad con las disposiciones aplicables diseñadas para promover la independencia del análisis financiero.