Invertir en un mundo cada vez más milenial

Lucía Catalán (Goldman Sachs AM)
Foto cedida

TRIBUNA de Lucía Catalán, directora general para Iberia y Latinoamérica, Goldman Sachs AM. Comentario patrocinado por Goldman Sachs AM.

Sin lugar a dudas, la tecnología ha contribuido a mantener a toda nuestra sociedad en funcionamiento durante esta crisis sanitaria y económica global, adoptando características de vida que hasta ahora eran de los llamados mileniales, tales como trabajar desde casa, ver a amigos y familiares por videoconferencia, hacer la compra online o incluso el pedir la comida a domicilio de nuestros restaurantes favoritos. Todo ello ha contribuido a acelerar e impulsar la digitalización, mediante un aumento de la demanda y la aplicación de innovaciones tecnológicas.

Distintas generaciones de padres, abuelos e hijos hemos tenido que adaptarnos rápidamente a las circunstancias impuestas por la pandemia en todos nuestros ámbitos de vida, adoptando la tecnología y accediendo a plataformas que, quizás, hubiéramos dudado en utilizar. Por poner varios ejemplos, el trabajo remoto ha impulsado el uso de tecnologías colaborativas, la atención al paciente ha girado hacia la telemedicina, y la educación a distancia ha recibido un impulso sin precedentes, extendiendo tendencias que hasta ahora considerábamos del mundo milenial a una buena parte de la sociedad.

No obstante, aunque la pandemia persista como un presente continuo, no todas estas tendencias aceleradas van a convertirse necesariamente en temáticas de inversión a largo plazo. Por ello, es importante que los inversores seleccionen aquellas temáticas capaces de convertirse en oportunidades de inversión perdurables en el tiempo y sin riesgo de perder brillo a medida que la sociedad y la economía se van recuperando y normalizando.

La mentalidad milenial y el cambio demográfico van a marcar el devenir de estas oportunidades de inversión, que estimamos van a agruparse en tres categorías.

En primer lugar, mantenemos nuestro optimismo sobre el potencial y solidez de todos aquellos negocios que se benefician de una mayor penetración del comercio electrónico. En este segmento incluimos tanto a los proveedores minoristas como a los procesadores de pagos digitales, junto con facilitadores de e-learning y de entretenimiento online.

Tenemos que tener en cuenta que durante esta situación de pandemia y de confinamiento la mayoría de la gente ha realizado pedidos de algún tipo de producto a través del comercio electrónico, cuya tasa de penetración global sigue siendo tan solo del 11%. Ello concede un indudable potencial de crecimiento a este segmento, en el que también incluimos a todas aquellas compañías de infraestructuras que respaldan el comercio electrónico y los ecosistemas de pagos online.

En nuestra opinión, y por poner un ejemplo, es probable que los proveedores de la nube sean un gran beneficiario del crecimiento en el uso de datos, en una sociedad en la que nuestras vidas se vuelven más conectadas.

En una segunda categoría incluimos a compañías que, si bien afrontan el reto de los ciclos cambiantes de la economía, muestran potencial de crecimiento a largo plazo. Englobamos en este grupo a negocios y compañías que facilitan experiencias de vida como salir a cenar y viajar. Aunque el confinamiento ha disparado los pedidos a domicilio, también es cierto que esta situación nos ha llevado a buscar alternativas en prácticamente todas nuestras actividades cotidianas. No esperamos salir de la pandemia con toda nuestra vida parecida a una simulación online…

Dicho esto, también tenemos que reconocer que cada persona es un mundo y que, por tanto, habrá divergencias entre las preferencias de uno y otro consumidor. Los habrá que quieran comer en un restaurante e ir a eventos deportivos pero que no estarán dispuestos a volar en avión. Otros, en cambio querrán volar y no estarán dispuestos a vivir en una gran ciudad.

Muchas empresas de consumo necesitarán reformarse para adaptarse a distintos perfiles de consumidores o elegir especializarse. Por su parte, los inversores deberán determinar con precisión cuáles están en mejores condiciones para hacerlo.

En una tercera y última categoría situamos a las compañías minoristas tradicionales, donde somos menos positivos, ya que son negocios considerados cíclicos y que no han logrado crear una huella digital.

Cabe no olvidar que el poder adquisitivo de los mileniales es el mayor de todos los grupos generacionales del mundo. Este segmento de población está preparado para alinear sus hábitos de gasto con sus valores y esperar a que las empresas, y los productos y servicios que comercializan dichas compañías den un paso al frente y respondan en consecuencia.

En las actuales circunstancias, esta mentalidad ha sido adoptada por un grupo mucho más amplio de consumidores e inversores. Es probable que una mayor conciencia social en un amplio grupo demográfico continúe impulsando las decisiones y el comportamiento de los consumidores. Somos optimistas respecto al desafío y al papel que puedan jugar las empresas en este campo. Serán parte de la solución a los desafíos globales, incluidas la injusticia racial y el cambio climático.

La adopción de estos nuevos hábitos de consumo ha ganado terreno significativamente durante la crisis. Es importante destacar que la crisis ha reforzado una creencia que teníamos asentada desde hace tiempo en torno al valor de invertir en el lado correcto del crecimiento.

La pandemia se ha comparado con la guerra, pero en esta batalla todos estamos del mismo lado y la innovación, un factor común para temáticas de inversión "aptas para el futuro", puede ayudar a los inversores y a las economías a superar este gran desafío ante el que nos encontramos.

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