COLABORACIÓN escrita por Leandra Clark, CFA, es colaboradora del Comité Women in Finance y miembro del Comité Corporates de CFA Society Spain, y Directora de Relaciones con Inversores de MAPFRE.
Mi sueño no era trabajar en los mercados financieros. Soñaba con ser profesora de universidad, con mucho tiempo para la reflexión y el estudio. Mi realidad actual no podría estar más lejos, pero no la cambiaría por nada. Llevo más de 20 años en el sector y siempre me acuerdo de unos consejos de mi primera jefa: para ser buen analista financiero no hacía falta montar modelos sofisticados, sino tener capacidad de pensamiento crítico, "saber hacer la cuenta de la vieja" y, sobre todo, aplicar mucho sentido común.
Soy estadounidense y de pequeña me atraían los idiomas y las culturas nuevas y además me encantaban los números, era de las pocas niñas en el club de matemáticas. Llegué a la universidad sin tener claro si quería estudiar económicas o letras, pero la decana de la facultad de Económicas, me convenció que debía aprovechar mi capacidad analítica.
En el año 2000, tras acabar la carrera, vine a vivir a España, coincidiendo con la entrada del euro y con una inflación del coste de la vivienda en aumento. Me acuerdo ver los anuncios de los pisos en las farolas que en pocos días habían sido sustituidos por otros con precios superiores. Empecé como muchas otras norteamericanas impartiendo clases de inglés, en Allianz entre otras compañías, lo que me brindó la oportunidad de pasar al área financiera.
Tras unos años, me ofrecieron trabajar en el área de Inversiones gestionando renta fija. En ese momento no sabía ni lo que era un descuento de flujos y mucho menos un bono o un derivado. Los primeros meses fueron duros y sufrí bastante al no tener conocimiento alguno de los mercados. Para ponerme al día me dediqué a realizar cursos de renta fija y de gestión de carteras, estudiando los modelos de valoración por las noches. En esa época vi que muchos compañeros estaban preparando el Programa CFA y decidí seguir su ejemplo, lo que me aportó una base de conocimientos técnicos sólida que mejoró la seguridad en mí misma. Todo esto sucedía en el año 2007, justo antes de la crisis del banco de inversión Lehman Brothers, lo que me obligó a conocer los mercados al fondo, ya que cada día salía un titular nuevo. Tanto los momentos de crisis como los de euforia de los mercados te dan un subidón enorme que te acaba enganchando. Recuerdo especialmente la crisis de 2012, justo antes de la famosa promesa del expresidente del BCE Mario Draghi para hacer “whatever it takes”. Fue un momento tan incierto y había que tomar muchas decisiones de forma muy rápida.
En el 2014, me surgió una oportunidad laboral en el equipo de Relaciones con Inversores de MAPFRE. Tenía miedo a cambiar y sobre todo dudaba de que me fuera a gustar el nuevo puesto tanto como el anterior. Tuve la suerte que el día a día de Relaciones con Inversores es muy dinámico y no me he aburrido nunca. Tiene un elemento humano relevante y siempre se presentan nuevos retos.
En cuanto a los cambios del sector, la información que hay que analizar y asimilar crece a un ritmo vertiginoso. La inteligencia artificial agiliza mucho el trabajo, pero también hay que ser consciente de los sesgos que pueda tener esta y el efecto manada que pueda provocar en los mercados. En este nuevo entorno, el pensamiento crítico y la comprensión humana van a ser diferenciadores clave entre unos inversores y otros, dando la razón a mi primera jefa cuando me aconsejaba desarrollar mi capacidad de pensamiento crítico.
Otra tendencia de los últimos años es el aumento de la gestión pasiva, lo que implica en muchos casos una mayor concentración de las inversiones y una mayor competitividad entre los gestores activos para batir los índices y atraer a la inversión. Por el lado de la empresa, implica menos diálogo con sus principales accionistas, al no haber un gestor “humano” detrás de la toma de decisiones. En MAPFRE, sin embargo, seguimos potenciando la relación con nuestros accionistas, tanto particulares como institucionales, a través de muchas iniciativas.
Por último, y a pesar de los avances de la última década, la diversidad sigue siendo una asignatura pendiente en el sector, ya que hay una notable falta de representación femenina, incluso entre las generaciones más jóvenes. Viajo frecuentemente a las principales plazas financieras de Europa, y en la mayoría de las ocasiones soy la única mujer alrededor de la mesa. Considero imprescindible fomentar el interés por las finanzas en las mujeres desde la educación secundaria y posteriormente en la universitaria, mostrando a las futuras profesionales del sector la diversidad de oportunidades que ofrece la industria financiera.
Para aquellas mujeres que aspiran a desarrollar su carrera en nuestro sector financiero quiero recordarles que la formación continua es fundamental, ya que el conocimiento y la excelencia técnica permiten superar muchas barreras. Además, fortalecer el networking y establecer relaciones personales duraderas marcará la diferencia en un entorno donde el trato humano es clave. Por último, hay que dejar atrás el síndrome del impostor, ya que como mujer tienes derecho a sentarte a esa mesa, aunque muchas veces estés en minoría. Atreverse a pedir nuevos retos y aprovechar cada oportunidad es el mejor camino para abrirse paso en un sector que ofrece una larga e interesante carrera profesional.


