Una implicación instantánea

implicación empresarial
Cedidas por Morgan Stanley IM.

TRIBUNA de Bruno Paulson y Laura Bottega, managing directors, International Equity Team, Morgan Stanley IM. Comentario patrocinado por Morgan Stanley IM.

Una implicación efectiva requiere tiempo. Esperar resultados instantáneos de las relaciones con las compañías tiene tan poco sentido como aspirar a obtener alfa de inmediato. De la misma manera que aspiramos a que las compañías en que invertimos registren cifras de crecimiento sostenidas y sistemáticas, valoramos la mejora, también sostenida y sistemática, de su enfoque hacia cuestiones medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG), y no los intentos de zigzaguear las políticas para satisfacer impulsos a corto plazo y simplemente rellenar listas de chequeo.

Como equipo, llevamos más de 20 años implicándonos con los equipos directivos de las compañías y sus Consejos. En los últimos años, hemos estructurado en mayor medida nuestras implicaciones, centrándonos en conversaciones con una vertiente doble: con los altos directivos y con los representantes de sostenibilidad de las compañías en que invertimos. Estas relaciones nos han brindado conocimientos de gran utilidad, en especial, en cuanto a las reacciones de las compañías a la pandemia y sus prioridades durante ese periodo.

También nos hemos vuelto más sistemáticos acerca de lo crucial de los incentivos a la dirección, creando nuestro propio marco de puntuación sobre remuneración, Pay X-Ray. Se trata de una herramienta que nos ha permitido llevar a cabo comparaciones mejores y abordar los planes de retribución de las compañías, así como fundamentar nuestro enfoque hacia las votaciones. En 2020, votamos en contra del 30% de los acuerdos de la dirección sobre remuneración. En la mayor parte de estos casos, nuestra postura era contraria a la de ISS, alineada con los equipos de dirección.

A nuestro esfuerzo de implicación contribuyen nuestras significativas posiciones a largo plazo en las compañías. El acceso resultante nos hace menos dependientes de las noticias que se presentan en las juntas generales anuales públicas o en eventos de relaciones con los inversores. Nos reservamos nuestras preguntas más complejas para las reuniones en privado, evitando plantearlas en nuestros turnos de palabra en el atril o ante la prensa. Consideramos que formular las preguntas adecuadas del modo oportuno propicia que se analice seriamente nuestra postura y favorece la agenda de las próximas implicaciones. Sin embargo, no nos asusta votar en contra del criterio de la dirección, como puso de manifiesto el 68% de las propuestas de los accionistas que respaldamos en 2020.

El teletrabajo implica que tanto los gestores de activos como las compañías hemos tenido que acostumbrarnos a reunirnos por medios digitales y por videoconferencia. Una de nuestras primeras conclusiones es que las compañías respondieron a nuestras solicitudes durante el confinamiento. Celebramos 369 reuniones en 2020, de las cuales, 205 incluían específicamente cuestiones ESG al respecto de temas como la descarbonización, la diversidad, la seguridad de los datos y las cadenas de suministro, en sectores desde la moda hasta los semiconductores. Dicho esto, estamos deseando reunirnos presencialmente con las compañías cuando resulte posible.

Las conversaciones que llevamos a cabo con las compañías en el cuarto trimestre de 2020 abarcaron, entre otros temas, los objetivos de emisiones de carbono, la deforestación, la diversidad y la inclusión, los controles de los riesgos por los consejos y la seguridad. Por ejemplo:

  • Con Reckitt Benckiser, sondeamos la forma en que puede cumplir su reciente compromiso con las cero emisiones de carbono para 2040. Nos alentaron sus políticas y actuaciones acerca del aceite de palma.
  • Mantuvimos una conversación muy exhaustiva sobre deforestación con Procter & Gamble para conocer sus iniciativas relacionadas con la obtención de productos del papel sostenibles. Han llevado a cabo actuaciones concretas, pero votamos a favor del acuerdo de los accionistas para mejorar la información al respecto.
  • Nuestras conversaciones con Baxter International se centraron en la seguridad de los productos, dadas las problemáticas que tuvieron en el pasado. La compañía tiene como objetivo formar parte del cuartil superior de seguridad frente a sus homólogas globales y ya ha conseguido una importante reducción en las reclamaciones relativas a productos gracias a la mejora de sus inspecciones. También analizamos sus parámetros de diversidad e inclusión y animamos a la compañía a comunicar su brecha salarial por razón de género. Consideramos que Baxter está mejorando y continuaremos siguiendo sus avances.

Le animamos a obtener más información sobre estas y otras relaciones mediante nuestro boletín Engage, que se publica con una periodicidad semestral en www.morganstanley.com/im.

La pregunta "¿de quién es la opinión que importa?" nunca ha sido más relevante. En última instancia, si bien importan todas las partes interesadas, el cliente es la prioridad. Cualquier inquietud relevante para el cliente debe ocupar un lugar prominente en la agenda de los equipos directivos de las compañías. Dada esta situación, es importante ser claros sobre los principios, las prioridades y los valores propios. En el caso de nuestras carteras globales de alta calidad y con emisiones de carbono limitadas, prestamos especial atención a las medidas que toman las compañías para satisfacer objetivos de emisiones de carbono bajas o nulas en términos netos.

También somos pragmáticos. Somos conscientes de que los problemas universales pueden exigir soluciones colaborativas para agilizar el progreso. El respaldo de MSIM a la iniciativa One Planet Summit desde enero de 2020, que tiene como objetivo avanzar en el conocimiento de los riesgos relacionados con el clima y las oportunidades que ofrecen las carteras de inversión a largo plazo, es un excelente ejemplo. En el informe anual de 2020 sobre los Principios para la Inversión Responsable de las Naciones Unidas, MSIM obtuvo una puntuación de A en los diferentes módulos y de A+ en acciones cotizadas tanto en propiedad activa como en incorporación, un resultado que saludamos gratamente.

Según las compañías avancen en sus planes para salir de la crisis, continuaremos planteando las preguntas difíciles. Muchas de ellas son específicas de compañías o sectores (sobre plásticos en el caso del consumo básico, sobre seguridad de los productos en el de la atención sanitaria o sobre seguridad de los datos en el ámbito de las tecnologías de la información), pero hay cuestiones más universales que nos deja la crisis:

  • ¿Cuáles son las principales lecciones que extraemos de la pandemia? ¿De qué forma ha evolucionado la actitud de la compañía hacia el riesgo como resultado de la crisis?
  • ¿Será la cadena de suministro de la compañía igual que antes de la pandemia o cambiará? ¿Ha aceptado la compañía que se la considera responsable de su cadena de suministro, desde la salud de sus empleados a la seguridad en la obtención de sus recursos?
  • ¿De qué forma cambiarán de cara al futuro las decisiones relativas a asignación de capital y balances?
  • ¿De qué forma ha sacudido la pandemia las decisiones de remuneración? ¿Se planteará el consejo ampliar capital, rebajar los dividendos o aceptar ayudas públicas?
  • ¿Cómo está posicionada la compañía para la nueva era de mayor intervención pública? ¿Está expuesta significativamente a posibles nuevos regímenes fiscales?
  • ¿De qué manera percibe la compañía el impacto del teletrabajo en la innovación o la seguridad de los productos o prioriza cuestiones como la diversidad de género o racial en épocas de dificultades económicas?
  • ¿Cómo logran las compañías el equilibrio entre la exigencia, que no para de aumentar, de sostenibilidad y su retorno a largo plazo sobre el capital operativo empleado?

A escala global, el llamamiento en pos de una mayor transparencia y comunicación de las actividades de las compañías y los gestores de fondos, así como la provisión de información exhaustiva de las carteras, se está abriendo paso en los organismos y los reglamentos del sector. Consideramos que, al afrontar las cuestiones ESG, merece la pena evitar las meras listas de comprobación y mantener la disciplina de inversión, a fin de centrarnos en valores sólidos y en la implicación duradera, relevante y significativa con sus emisores.

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Consideraciones sobre riesgos

No existe garantía de que una cartera vaya a alcanzar su objetivo de inversión. Las carteras están sujetas al riesgo de mercado, que es la posibilidad de que bajen los valores de mercado de los títulos que posee la cartera. Los valores de mercado pueden cambiar a diario por acontecimientos económicos y de otro tipo (por ejemplo, catástrofes naturales, crisis sanitarias, atentados terroristas, conflictos y disturbios) que afecten a mercados, países, compañías o gobiernos. Resulta difícil predecir el momento en que se producirán tales acontecimientos, así como su duración y sus posibles efectos adversos (por ejemplo, para la liquidez de las carteras). En consecuencia, su inversión en esta estrategia podrá comportar pérdidas. Tenga en cuenta que esta estrategia puede estar sujeta a determinados riesgos adicionales. Los cambios en la economía mundial, el consumo, la competencia, la evolución demográfica y las preferencias de los consumidores, la regulación pública y las condiciones económicas podrían afectar negativamente a compañías con negocios globales y tener un impacto desfavorable en la estrategia en mayor medida que si los activos de esta estuvieran invertidos en una variedad más amplia de compañías. En general, los valores de los títulos de renta variable también fluctúan en respuesta a actividades propias de una compañía. Las inversiones en mercados extranjeros comportan riesgos específicos, como, por ejemplo, de divisa, políticos, económicos y de mercado. Las acciones de compañías de pequeña capitalización entrañan riesgos específicos, como una limitación de líneas de productos, mercados y recursos financieros y una volatilidad de mercado mayor que los títulos de compañías más grandes y consolidadas. Los riesgos de invertir en países de mercados emergentes son mayores que los riesgos asociados a inversiones en mercados desarrollados extranjeros. Las carteras no diversificadas a menudo invierten en un número más reducido de emisores. En consecuencia, los cambios en la situación financiera o el valor de mercado de un solo emisor pueden causar una mayor volatilidad.