Ganadores y perdedores del cambio de color político en el Senado de Estados Unidos

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Carlosoliveirareis, Flickr, Creative Commons

Puede que sea el regalo de Navidad más tardío de los últimos años, pero parece que finalmente ha llegado. La ola azul que los mercados esperaban con tanto entusiasmo en noviembre parece que puede ser una realidad de Año Nuevo tras la segunda vuelta de las elecciones senatoriales en Georgia. Tras conseguir los dos puestos, los demócratas empatarán en el senado con 50 escaños y así podrán obtener el control efectivo del Congreso a través del voto decisivo de la vicepresidenta, Kamala Harris.

“Los demócratas le han quitado el control del Senado al Partido Republicano por lo menos durante los próximos dos años. La implicación más significativa es que un estímulo fiscal adicional a los 900.000 millones de dólares aprobados en diciembre (de entre 1,5 y tres billones de dólares en los próximos cuatro años) sea desbloqueado, con una primera partida de alivio contra el COVID a comienzos de este 2021. Esto podría llevar al PIB de Estados Unidos a una tasa de crecimiento del 7% en 2021, muy por encima del consenso actual del 3,9%, lo cual apoyaría las fuerzas inflacionarias en la economía”, apunta Wen-Wen Lindroth, estratega de gestión de activos en Fidelity International.

Tal y como indican desde Schroders, las inquietantes escenas de los manifestantes que irrumpieron en el Capitolio anoche pueden haber enturbiado la victoria, pero no obstante el Partido Demócrata tiene ahora el control del Senado y la Cámara de Representantes por primera vez desde 2009. Gracias a este control del Congreso, están en posición de implementar gran parte de la agenda de Joe Biden.

«A corto plazo esto conllevará un mayor gasto fiscal, pues Biden ya ha descrito el reciente proyecto de ley de 900.000 millones de dólares como un pago inicial. Se espera un proyecto de ley mejorado con los cheques de estímulo que la mayoría de los estadounidenses van a recibir, cuya asignación aumentará de 600 a 2.000 dólares, una extensión de los subsidios por desempleo más elevados (de marzo a junio) y un aumento del gasto del gobierno estatal y local. Esto podría sumar otros 900.000 millones de dólares al impulso fiscal», subrayan desde la firma británica.

Impacto en los mercados

Los mercados ven este resultado de manera abrumadora como un factor que impulsa un mayor apoyo de la política fiscal a la economía de los Estados Unidos, devastada por el virus. “Es probable que esto ejerza presión sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU, especialmente en los vencimientos más largos, ya que la rentabilidad tendrá que reflejar unas expectativas de crecimiento más altas y una mayor oferta”, afirma James Athey, director de Inversiones en Aberdeen Standard Investments.

El resultado también añade un nuevo empuje al tema de la reflación que impregnó los mercados de Estados Unidos durante gran parte de la segunda mitad de 2020. Con el posible obstáculo de un Congreso dividido ya eliminado, la posibilidad de un mayor estímulo fiscal se percibe como otra fuerza alcista de la inflación en el país. “Si se considera en el contexto de una Reserva Federal que parece dispuesta a aceptar la nueva libertad que le ofrece el paso a un objetivo de inflación flexible, hay margen para que el mercado siga anticipando presiones adicionales sobre los precios a medio y largo plazo”. Sin embargo, existen potencialmente algunos riesgos.

El primero se refiere a algunas de las políticas demócratas menos favorables al mercado que ahora cuentan con una perspectiva realista. “El aumento de los impuestos a las empresas, las ganancias de capital y las rentas se considerarán como posibles factores negativos para la bolsa, al igual que un entorno normativo más restrictivo. Una regulación antimonopolio más robusta y la aplicación de la ley tienen el potencial de succionar el viento de las velas de grandes tecnológicas en un momento en el que las valoraciones allí ya parecen cada vez más difíciles de justificar. Si a esto se le suma la posibilidad de una rotación más prolongada de los llamados ganadores del COVID hacia los perdedores del COVID, impulsada por las mayores expectativas de crecimiento que se derivan de este resultado electoral, puede que el actual no sea un entorno tan perfecto para los gigantes de la tecnología”.

El segundo es el dólar. “Uno de los mayores consensos del mercado para el año 2021 es ponerse corto del billete verde. Un impulso positivo de crecimiento específico de EE.UU, junto con el aumento de los rendimientos de los bonos del tesoro no es una combinación que esperaríamos ver que haga bajar la moneda. Si el dólar se da la vuelta, proporcionará un alivio bienvenido a los exportadores del mundo, pero puede que no sea tan bien recibido en los mercados financieros, que a menudo asocian la subida del dólar con períodos de riesgo. Esa asociación es muy a menudo una profecía autocumplida», señala el experto.

Ganadores y perdedores

Para Jack Janasiewicz, gestor de carteras en Natixis Investment Managers, una mayoría de 50/50 +1 en el Senado (el desempate recae en la vicepresidenta, en este caso Kamala Harris (Partido Demócrata) “es tal vez el escenario ideal. Podría ser justo lo que receta el médico: suficiente para sacar adelante más estímulos, pero no lo suficiente para conseguir que se hagan las subidas de impuestos”. De acuerdo con el experto, en términos de mercado, esto tiene las siguientes consecuencias:

– Ganadores:  Cíclicos, energía verde, financieros, biotecnología, aseguradoras de salud ACA (Affordable Care Act) e infraestructuras.

– Perdedores: defensa, combustibles fósiles, farmacia (el precio de los medicamentos será un problema) y tecnología.

Con respecto a este último sector, el experto señala que la tesis predominante ha sido que la tecnología tiene una diana en la espalda. “Por cuestiones de privacidad, antimonopolio, libertad de expresión… los demócratas parecen estar más enfocados en el antimonopolio y los impuestos: hacer que la tecnología pague su parte justa. Tendremos que ver cómo evoluciona esto”.

Consecuencias políticas

Chuck Schumer será ahora el líder del Senado. Y él estará a cargo de lo que se vote en la Cámara Alta. Esto significa que los demócratas manejarán la agenda legislativa. El republicano Mitch McConnell se plantó en muchas iniciativas de apoyo demócrata, negándose a llevarlas a votación. Eso está ahora a punto de cambiar. Los nominados para la Administración Biden requieren aprobación, tanto para los miembros del gabinete como para los nombramientos judiciales. Con un Senado controlado por los Demócratas, esto debería hacer esas aprobaciones mucho más fáciles. Los demócratas también controlarán ahora los comités de la Cámara y el Senado, ayudando a establecer la agenda para el futuro. “Muchas de las maniobras de distracción política vistas hasta ahora estarán muertas”, concluye Janasiewicz.

Para David Page, jefe de Macro Research de AXA IM, “el control demócrata del Senado es un hecho material e inesperado. Sin embargo, no le dará a Joe Biden carta blanca para aplicar su manifiesto. En primer lugar, este control permitirá a los demócratas controlar la agenda del Senado, lo que significa que elegirán qué temas se votarán (y cuáles se pueden evitar). En segundo lugar, le dará a los demócratas una mayoría en los comités. Sin embargo, el control demócrata es muy débil. Cualquier complicación, desde las ausencias de COVID a las renuncias prematuras o las muertes eliminaría esta mayoría».

Además, los demócratas (e independientes) tendrían que estar unidos para garantizar una mayoría, algo que no se puede garantizar en una variedad de temas. «Lo que es más importante, los demócratas están muy por debajo de la supermayoría (60) necesaria para impedir el filibusterismo republicano, que puede bloquear eficazmente la aprobación de legislación. Dicho esto, los demócratas todavía pueden utilizar el llamado proceso de reconciliación para aprobar legislación con una mayoría simple – aunque las condiciones en que se puede aplicar la reconciliación han cambiado en el último decenio y son restrictivas», concluye.