La inversión sostenible ha pasado en pocos años a ser algo con lo que solo comulgaban unos pocos a convertirse en mainstream. Sus palancas de crecimiento se puede decir que han sido dos: el aumento de la demanda de los inversores, principalmente institucionales, y el incremento de la regulación para potenciar unas inversores que no solo respondan a criterios financieros si no también sociales.
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