El negocio de banca privada exige escala, eficiencia operativa y fuentes complementarias de ingresos para sostener la rentabilidad en un entorno cada vez más exigente. La presión regulatoria, la necesidad de invertir en tecnología y los elevados costes estructurales están estrechando los márgenes. “El sector está hiperconsolidado y hay un problema de eficiencia brutal. El negocio de banca privada no es tan rentable como parece”, advierte Rafael Gascó, presidente de Diaphanum.
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