La renta variable se sitúa en 2026 en un punto de inflexión. Tras años de políticas monetarias restrictivas y un escenario geopolítico que ha redibujado las rutas comerciales y energéticas, los inversores se enfrentan a un mercado de "dos velocidades". Por un lado, la solidez de los fundamentales corporativos y el impulso de la inteligencia artificial; por otro, la amenaza de una inflación estructural y un crecimiento que empieza a mostrar signos de fragilidad, especialmente en el Viejo Continente.
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