Retos de la sostenibilidad para 2021: regulación, greenwashing, desarrollo de la S y la G…

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, María Folqué (FundsPeople), David Sánchez (Santalucía AM), Claudia Antuña (Afi Inversiones Globales), Louis Stevens (Liontrust), Almudena Cansado (Unigest) y Jorge González (Tressis).

La inversión sostenible está en boga entre los inversores, lo que no significa que no tenga retos por delante. Algunos de sus aliados más incondicionales actualmente, como los reguladores, se están convirtiendo a la vez en un dolor de cabeza para las gestoras. No son los únicos desafíos. Analistas, gestores y selectores debaten sobre estas dificultades en un desayuno organizado por FundsPeople y patrocinado por Liontrust.

No todo es tan verde como parece

“La regulación está empujando la inversión sostenible, y al mismo tiempo estas normas implican nuevos retos”, afirma Jorge González, director de Análisis en Tressis. Explica que realizando el proceso de determinar cuáles de los productos podrían ser artículo 8 y cuáles artículo 9(1) con la nueva regulación europea de divulgación de información relativa a la sostenibilidad (SFDR) se han encontrado con problemas: “Hay determinadas estrategias que pensábamos que estábamos seleccionando de forma correcta y no era así; y otros fondos que teníamos en cartera, que creíamos que tenían buenas prácticas en materia ASG, finalmente no han conseguido que Luxemburgo les apruebe que son lo que ellos pensaban que iban a ser”. “Para mí es un reto y una dificultad para este inicio de 2021: conseguir mantener una cartera diversificada y robusta pero que también cumpla con la normativa”, añade. 

Vinculado al reto de la regulación, cita otro, el greenwashing. “Con el incremento de los flujos hacia la inversión responsable, todo el mundo se ha animado a lanzar productos. Y no todos los productos son tan sostenibles como pretenden, ni todo el mundo lleva de verdad en su ADN las prácticas sostenibles a la hora de gestionar”.

Más allá del cumplimiento de la regulación

Almudena Cansado, gestora de Fondos de Fondos en Unigest (Grupo Unicaja Banco), coincide en que la regulación es uno de los retos más importantes y, en concreto, destaca la velocidad a la que se están sucediendo los cambios. Ese trepidante ritmo “está suponiendo que nos cueste adaptarnos y que tengamos que formarnos rápidamente. No solo se trata de conocer la nueva regulación sino de implementarla”.

Hay otros dos desafíos por delante directamente relacionados con la nueva normativa y, a su juicio, fundamentales. Por un lado, que la regulación sea concreta, “que de verdad garantice una seguridad jurídica para el cliente, ya que todavía hay muchas dudas en cuanto a qué consideramos cada entidad u organismo producto sostenible”. Y por otro, “lo más importante de todo”, que la aplicación de esta regulación “lleve a una composición de carteras que sean sostenibles de verdad, no solo en cumplimiento de los mínimos estándares que nos vayan exigiendo, sino que de verdad las partes implicadas estemos convencidas y queramos  ir un poco más allá, adelantarnos a las exigencias regulatorias”.

Por último, destaca que el principal interés de los inversores en relación a la sostenibilidad se centra en el ámbito medioambiental: “Otro reto será potenciar las otras dos letras de la ASG, la S de Social y la G de Gobernanza. Creo que hay que tener claro que las inversiones sostenibles no son solo verdes”.

Pocos activos y muy demandados

David Sánchez, responsable de Selección de Fondos en Santalucía AM, comparte las inquietudes anteriores en torno a la nueva regulación, aunque considera que no deja de ser algo normal en el caso de normativas tan jóvenes como la que nos ocupa. En su caso, lo que más le preocupa desde el punto de vista metodológico es “la falta de estandarización entre herramientas, dándose incluso casos tan extraños como la falta de correlación entre métricas”. Asegura que esta situación “no favorece la comparación entre productos dependiendo de cómo se estén midiendo”. Y aquí surge un problema adicional, la forma en que cada uno entiende la ASG: “Hay 1.000 visiones diferentes y cada uno la aplica de una manera distinta. No obstante, creo que la regulación ayudará poco a poco a que nos vayamos encaminando a una estandarización de este mundo tan complejo”.

Destaca, además, otro desafío relacionado con los mercados: la existencia de una fuerte demanda para determinados activos, los cuales son escasos. Pone el ejemplo de los green bonds: “Yo creo que casi todos tenemos algo de bonos verdes en cartera. Y en un mundo en el que estas emisiones son limitadas en comparación con las clásicas que podamos tener en renta fija, hay que pensar, mucho más allá de hablar de una burbuja, en la dificultad de comprar ciertos activos”.

Desafíos, pero también áreas de mejora para generar oportunidades

Claudia Antuña, analista de inversiones en Afi Inversiones Globales, prefiere hablar, más que de desafíos, de áreas de mejora para generar nuevas oportunidades de negocio. E identifica varias. La primera, mencionada por todos los ponentes, la regulación, “que está imponiendo cambios de los modelos de negocio: va a obligar a las gestoras a modificar la gama de productos y a desarrollar nuevas soluciones, lo que a su vez genera la necesidad de incorporar más recursos”.

La segunda es la necesidad de formación y transparencia en materia de sostenibilidad para conocer las diferentes estrategias, qué implicaciones tiene y poder transmitírselo al cliente: “Hace dos, cinco años, hablábamos solo de exclusiones, best in class y poco más, y ahora la ISR ha eclosionado dando lugar a muchas estrategias y herramientas, lo cual ha favorecido el crecimiento de la inversión sostenible, pero también ha dificultado su conocimiento y entendimiento en profundidad”. No obstante, destaca que en este ámbito la normativa ya está poniendo las bases para que todos utilicemos el mismo lenguaje, y garanticemos un crecimiento coherente y exitoso en el largo plazo.

Otra área de mejora es la estandarización y la homogenización en el mercado, ya no solo a nivel metodológico sino también del dato: “Yo creo que aquí hay todavía mucho camino por recorrer”. Explica que solo analizando el universo del Ibex 35 se ha visto cómo las compañías utilizan en algún caso entre 10 y 15 indicadores diferentes para reportar un mismo dato de información no financiera. Esta dispersión dificulta mucho la comparación y el tratamiento de estos datos, lo que a su vez complica la función de los proveedores. 

Tres pistas para saber si un fondo es sostenible

Uno de esos proveedores es Liontrust. Louis Stevens, del equipo de inversión sostenible, se centra en la dificultad de saber si un fondo es sostenible o no, y explica que hay tres características que demuestran si los productos y los equipos que los gestionan son capaces de cumplir las expectativas de sostenibilidad de los inversores.

La primera, la transparencia: “Los gestores de fondos realmente sostenibles deben ser transparentes al comunicar cómo invierten, además de estar abiertos a que se les planteen preguntas por parte de los inversores. Esto debería incluir información clara y sencilla que explique cómo el equipo gestiona los fondos, qué tipo de empresas buscan con su enfoque sostenible y qué otras evitan.

Otro factor fundamental es la experiencia y los recursos del equipo gestor, y apunta que ”desconfiamos de los gestores que cambian los objetivos de inversión de su fondo para que ahora sea sostenible porque esto no demuestra que su nuevo enfoque funcione en el futuro. Por último, el activismo y cómo demostrarlo: “Los gestores deben demostrar que piden cuentas a las empresas y las animan a mejorar; y deben detallar cuáles son sus prioridades en este aspecto y el sentido de su voto en las Juntas de Accionistas”. 

Y del dicho al hecho. Louis Stevens explica cómo demuestra la gestora la sostenibilidad de sus fondos, partiendo del hecho de que las estrategias sostenibles de la gestora estarán clasificados en el artículo 9 en la nueva normativa SFDR(1): “Articulamos claramente la exposición a nuestras 21 temáticas de inversión sostenible; mostramos cómo estas temáticas contribuyen directamente a los ODS de la ONU; nos involucramos con las empresas en las que invertimos para medir y comunicar los principales impactos de los productos o servicios que proporciona la compañía, así como la forma en que gestiona el impacto de sus operaciones;  mostramos el impacto o huella de carbono de nuestras carteras; y por último, somos transparentes y divulgamos esta información a nuestros inversores”.

(1) El artículo 8 del Reglamento europeo cubre los productos financieros que promueven características ambientales o sociales en el marco de una estrategia de inversión más amplia. El artículo 9 se aplica a los productos que tienen objetivos sostenibles.