La economía alemana continúa creciendo con fuerza gracias a la resistencia de sus exportaciones a países emergentes como China, así como al incremento estable en el consumo interno. Desde el punto de vista alemán, su economía está cosechando los frutos de una década de prudencia, mientras los periféricos están pagando por una década de excesos. Alemania argumenta (y con cierta justificación), que no es culpa suya el que otros hayan desperdiciado los últimos diez años, y que para cerrar la brecha es necesario que españoles e italianos se germanicen, y no al contrario.
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