De hecho, cree que su papel es “restaurar las condiciones de normalidad en el mercado”, atajando el nerviosismo y la actuación de los políticos, a veces dominada por el miedo y la presión. “El papel de los bancos centrales es preservar su integridad, facilitando un ambiente de bajos tipos durante un periodo de unos cinco años tras crisis como la vivida”, explica. Como consecuencia, y aunque ahora la inflación en EEUU tras el QE1 y el QE2 se sitúa en línea con los objetivos –la inflación subyacente en torno al 2% y la general en torno al 4%- cree que la subida de precios acabará sorprendiendo en un periodo más largo de tiempo, lo que podría ayudar de forma importante a relajar el problema de deuda, según muestran algunos estudios.
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