Actualización del segmento de bonos verdes tras un 2024 de emisiones récord: los emisores emergentes florecen frente a las dudas de los estadounidenses

Bram Bos GSAM
Bram Bos, Senior Portfolio Manager, Sustainable Credits and Green Bonds, at NN Investment Partners Copyright: Sander Nieuwenhuys

En contraste con el ruido entorno a la regulación sostenible tanto en Europa como fuera del Viejo Continente, la realidad es que el mercado de bonos verdes sigue creciendo como clase de activos. 2024 fue un año récord de emisiones de bonos verdes, con 671.700 millones de euros a nivel global. Y lo que es más importante en opinión de Bram Bos, gestor de uno de los mayores fondos de bonos verdes, el GS Green Bond, que la clase de activos está creciendo también a nivel de nuevos participantes.

Momentum en emisores emergentes

“Estamos viendo que el mercado de bonos verdes está ganando momentum”, reconoce. Especialmente entre empresas de países emergentes. Como explica Bos, son países que están afrontando de primera mano las consecuencias del cambio climático. “Es su realidad, probablemente incluso más que muchos países de Europa Occidental o países occidentales en general”, apunta el gestor. Además, son regiones que han dependido históricamente de materias primas y del petróleo y que ahora buscan diversificar sus fuentes de crecimiento para avanzar hacia, por ejemplo, las energías renovables.

Y, en tercer lugar, desde la perspectiva de un inversor o de un propietario de activos, muchos sienten que los mercados emergentes son un terreno natural para generar impacto, percibe Bos. Son países que en general, tienen más dificultades para obtener financiación en los mercados de capitales. Los bonos verdes o de impacto son una buena puerta de acceso a esa financiación para los emergentes.

En lo que va de 2025 esa tendencia fuerte continúa, percibe Bos. De hecho, hace unas semanas Goldman Sachs AM lanzó un ETF centrado en el creciente mercado de capitales verde en los países emergentes: el Goldman Sachs Emerging Markets Green and Social Bond Active UCITS ETF (GEMS).

Dudas en los estadounidenses y madurez en los europeos

El apetito de las compañías emergentes por acudir al mercado de bonos verdes contrasta con la cautela de los emisores estadounidenses. Históricamente las compañías norteamericanas nunca han sido un actor de peso en el segmento, recuerda Bos, pero sí se habían abierto a emitir bonos verdes tras la pandemia. Sin embargo, en lo que va de año la emisión de bonos verdes estadounidenses es cerca de cero. “Las pocas compañías estadounidenses que llegan al mercado emiten bonos en euros”, cuenta el gestor. “Por eso estamos haciendo una labor activa de engagement con el mercado norteamericano”.

En cambio, los emisores europeos están entrando en una fase de madurez. El número de emisores de bonos verdes europeos que llegan por primera vez al mercado está disminuyendo. “Europa sigue creciendo, porque vemos cada vez más bonos verdes en Europa emitidos bajo esta la etiqueta de bonos verde de la UE, pero la mayoría de los nuevos emisores provienen de mercados emergentes”, ve Bos.

Lo que aportan los bonos verdes en periodos de estrés

Así, el mercado de bonos verdes va encontrando su lugar en las carteras. Entre los institucionales, el apetito está, afirma Bos. “Hablamos con fondos de pensiones que dedican una parte específica de su asignación para bonos verdes. También hay bancos cuyas divisiones de banca privada y de gestión de patrimonios necesitan tener una oferta de carteras sostenibles”, cuenta.

Pero los bonos verdes no necesariamente deberían ser solo para el inversor sostenible. Según un análisis realizado por GSAM, en periodos de tensión de mercado, los bonos verdes sufren menos la presión vendedora. “Son más estables que sus equivalentes no verdes, porque la mayoría de los inversores, si tienen que liquidar activos, lo último que liquidan son sus bonos verdes, ya que es una asignación estratégica y de largo plazo”, interpreta Bos.

Asimismo, los bonos verdes aportan diversificación. “La composición del mercado de bonos verdes es diferente al del índice general. Por ejemplo, tiene menos exposición a empresas industriales, químicas, mineras y energéticas”, explica el gestor. “Es también es una manera de gestionar tus riesgos climáticos de forma distinta, algo que, en mi opinión, cada vez está siendo más adoptado”, cuenta.