La renta fija vuelve a atravesar un periodo de agitación, con las rentabilidades de la deuda soberana en niveles que no se veían desde hace más de dos décadas. En Estados Unidos, el treasury a 10 años ha superado el 5%, mientras que las persistentes preocupaciones por la inflación mantienen la presión sobre los vencimientos largos. Un movimiento que eleva el coste de financiación y obliga a revisar el riesgo de duración en las carteras.
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