Las acciones de los gobiernos y las autoridades monetarias para evitar las peores consecuencias económicas de la crisis crediticia global –entre ellas los recortes de los tipos de interés y la implementación de un amplio abanico de medidas de estímulo– representan una forma de ‘represión financiera’. Para los inversores, dicha represión supone niveles de rentabilidad considerablemente más bajos de valores más seguros como la deuda pública de calidad (con frecuencia inferiores a las tasas de inflación) y la necesidad de asumir más riesgo para lograr rendimiento. ¿Mejorará radicalmente esta situación en el futuro? En BNY Mellon creen que no.
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