Cómo debemos preparar las carteras para el aumento de la inflación

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Isaac Smith on Unsplash

La inflación es uno de los principales riesgos que podrían afectar a los mercados en este momento. Los efectos de base, los cuellos de botella en la cadena de suministro, el aumento de los precios de las materias primas y el resurgimiento de la demanda de los consumidores están provocando un aumento de la inflación. “Los inversores deberían tomar precauciones para salvaguardar las carteras contra la inflación. Y hacerlo mediante un amplio conjunto de instrumentos para tratar de proteger las carteras de este riesgo y ofrecer cierta protección a los ingresos reales”, aconsejan Matteo Germano, responsable de Multiactivos en Amundi y Francesco Sandrini, responsable de Rentas y Activos Reales en la entidad.

La inflación suele ser enemiga de los inversores en renta fija, ya que erosiona los pagos de cupón fijo de los bonos nominales. Aunque los bonos ligados a la inflación, como los títulos del Tesoro protegidos frente a la inflación (TIPS), superarían en rentabilidad a los bonos nominales en caso de producirse un repunte imprevisto de la inflación, las expectativas de subida que estos títulos ya descuentan han aumentado notablemente durante el año pasado.

Según Jai Malhi, estratega global de Mercados de J.P.Morgan AM, pese a que actualmente los TIPS ofrecen una TIR negativa, pueden considerarse como una posible cobertura frente a la inflación si se cree que la media de dicho parámetro va a ser superior de lo que actualmente se prevé a lo largo de la próxima década. “En cambio, los bonos ligados a la inflación no dejan de ser vulnerables a posibles incrementos de las tires reales. El oro es similar a ellos en el sentido de que tiende a evolucionar favorablemente cuando las tires reales se reducen, pero experimenta dificultades cuando aumentan”, afirma.

Renta variable

Por su parte, la renta variable suele proporcionar protección frente a aumentos moderados de la inflación, ya que los beneficios corporativos tienden a avanzar junto con los precios (ver gráfico).

“Así, siempre y cuando las subidas de precios estén motivadas por una demanda consolidada, la renta variable suele beneficiarse. En cambio, si los costes de producción aumentan debido a problemas de oferta en un contexto de demanda insuficiente, será más difícil que las empresas puedan trasladar estos costes a los consumidores, lo que comenzaría a menoscabar los márgenes corporativos”, señala el experto.

Atendiendo a la previsión de la gestora de que la demanda se mantendrá sólida durante los próximos años, Malhi considera que la renta variable debería ofrecer protección frente a la inflación.

“En el pasado, los inversores en renta variable solo han tenido que preocuparse de verdad por la inflación cuando esta ha obligado a los bancos centrales a ajustar sus políticas hasta el punto de provocar recesiones o cuando ha sido tan alta que ha generado una rentabilidad real negativa pese a la rentabilidad nominal positiva de la renta variable, como fue el caso a finales de la década de 1970”, recuerda.

Centrarse en segmentos asequibles

Por tanto, aunque una inflación superior al objetivo suele ser un problema para las bolsas, el auténtico desafío para los inversores en renta variable es que suele llevar asociado un aumento de las tires. Por otro lado, el aumento de las tires de los bonos puede ejercer presión sobre determinadas áreas del mercado que actualmente cotizan a valoraciones más altas tras haberse beneficiado del reciente entorno de tires bajas.

“En consecuencia, centrarse en aquellos segmentos más asequibles del mercado que tienden a evolucionar favorablemente en contextos de aumento de las tires podría constituir una buena estrategia”, recomienda.

Otra alternativa para los inversores es mirar hacia los activos reales, como el sector inmobiliario o las infraestructuras core, para buscar cobertura frente al aumento de la inflación, ya que las rentas que ofrecen estas clases de activos suelen estar vinculadas con ella. “Aunque no podemos dar por sentado que la inflación vaya a mantenerse por encima del objetivo, buscar algún tipo de protección en forma de renta variable o activos reales mientras reducimos la exposición a renta fija puede ser acertado teniendo en cuenta que, probablemente, el balance de riesgos se inclina más hacia un aumento que hacia una reducción de la inflación”.

¿Qué hacer con la renta fija corporativa?

Si la inflación se asienta, el crédito tendrá que enfrentarse a que los bonos del Tesoro empiecen a ofrecer una rentabilidad real a los inversores. “Este pesimismo para los mercados crediticios puede ser contraproducente, ya que a medida que los mercados prevean unos tipos máximos más altos y una mayor inflación, más subirán los rendimientos, lo que endurecerá las condiciones financieras y hará el trabajo de la Reserva Federal, con lo que la autoridad monetaria no se vea obligada a reaccionar. También debemos reconocer la fragilidad de las economías que salen de la pandemia: el repunte del crecimiento actual podría ser solo eso, un repunte a corto plazo”, indica Luke Hickmore.

Para el director de Inversiones de Renta Fija de Aberdeen Standard Investments, por ahora, parece sensato situarse en el lado defensivo de los mercados de crédito. Esto es: reducir los sectores de mayor beta, reconocer que las facilidades de crédito del confinamiento han funcionado casi como se esperaba, y moverse hacia áreas más defensivas como los servicios públicos y las asociaciones de viviendas, además de áreas como el alojamiento.

“Los mercados de crédito deberían tener cuidado de ser complacientes cuando el rendimiento del crédito no ha reaccionado ante el riesgo de que la inflación comience a afianzarse. Cambiar a un sesgo más defensivo ahora, en lo que parece ser el punto del ciclo en el que el crédito parece más caro, parece ser una opción sensata”, concluye.