Cómo se puede tener una cartera descorrelacionada con el factor investing

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Félix Prado on Unsplash

La Inversión por factores o factor investing es, junto con la inversión en megatendencias o la ISR, una de las estrategias que las gestoras más han fomentado en los últimos años. En líneas generales este estilo de inversión, que gana adeptos en tiempos de convulsiones en mercado como las vistas en estos últimos tiempos, se basa en cinco factores clave como son la calidad (quality), baja volatilidad (low volatility), tamaño (size), momento (momentum) o valor (value).

De todas ellas la que mejor se ha comportado en los últimos diez años o, lo que es lo mismo, en un contexto de tipos de interés a la baja, políticas monetarias ultralaxas y crecimiento económico ha sido la estrategia de momentum. Pero de cara a la próxima década en la que ya no será tan sencillo obtener buenas rentabilidades sin asumir riesgo cada vez son más los expertos que recomiendan la opción de una estrategia multifactor que permita adecuarse a cada momento de mercado reduciendo, por tanto el riesgo.

“Estamos viendo mucho interés en las estrategias multifactor por parte de los inversores institucionales porque permiten obtener rentabilidades con una menor volatilidad”, apuntó Frèdèrique Hoogveld, responsable de gestión indexada y especialista en Smart beta de Amundi en unas jornadas organizadas por la gestora francesa y Afi. Y apoya esa necesidad de diversificar la cartera, no solo por tipo de activos sino por factores en un gráfico que muestra la dispersión en cuanto a rentabilidad que hay entre los diferentes factores que componen el universo del factor investing. Al fin y al cabo, la inversión por factores no está exenta del contexto macroeconómico y de hecho, según defiende Hoogveld, el riesgo de errar con el contexto macro es mucho mayor que el de errar con el factor que se elige.

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Además, hay que tener en cuenta que el simple hecho de que un estilo se incluya dentro del grupo de inversión por factores no implica necesariamente que ese estilo guarde una correlación positiva con otro de su mismo grupo. De hecho, tal como apunta David Cano, socio de Afi, sucede justo al contrario ya que incluso se ven correlaciones negativas entre muchos de ellos. Por ejemplo, según la rentabilidad obtenida por la inversión por factores entre 2002 y 2017 la correlación entre el factor de mid cap (size) y el de mínima volatilidad o el de calidad ha resultado ser negativa, y lo mismo ha sucedido cuando se analiza la correlación entre factores como el value y el momentum o quality.  

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Sin embargo este experto recalca que a la hora de invertir en factor investing la identificación del factor en sí no es lo único en lo que debe fijarse el inversor a la hora de construir una cartera. “La inversión por factores implica también pensar en el tipo de activo, la filosofía de la cartera, la región donde se quiere invertir, la exposición de cada factor y el estilo”, afirma.  Al fin y al cabo, aunque el nombre de factor investing pueda resultar muy sofisticado, su función no es otra que la de “mejorar el binomiorentabilidad/ riesgo de una inversión”, como índica Cano.