Aunque a finales de la Edad Media ya existe la idea de reunir los fondos de varios ahorradores para confiarlos a gestores especializados, con sonadas iniciativas en Ausbourg, Holanda, Escocia y Suiza, las primeras sociedades de inversión colectiva reguladas y reglamentadas como tal no aparecen en Londres hasta la década de 1860. La más conocida e importante fue la Financial and Colonial Government Trust (1868), con una cartera de valores de un millón de libras y compuesta por 17 emisiones de deuda pública de diferentes gobiernos. Cada participación se vendía a 85 libras, asegurando una rentabilidad del 7%.
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