El inmobiliario cotizado afronta 2026 con un panorama marcado por la normalización financiera, la persistencia de la incertidumbre macro y profundas transformaciones estructurales en la demanda. En este contexto, el foco de los inversores se desplaza hacia aquellos segmentos donde el desajuste entre oferta y demanda sigue siendo evidente -como residencial y logística-, mientras que otros, como oficinas o retail, dividen opiniones entre la cautela estructural y las oportunidades tácticas en activos castigados.
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