China vuelve a situarse en el radar de los inversores tras varios años de ajuste profundo y en un momento en el que el foco del mercado se desplaza desde los riesgos geopolíticos hacia los fundamentos domésticos. Con una economía cada vez menos dependiente de las exportaciones, políticas fiscales y monetarias claramente acomodaticias y un papel creciente en la cadena de valor de la inteligencia artificial, el país afronta una fase distinta del ciclo. Un entorno que, según GAM Investments, sigue ofreciendo un potencial que el mercado no termina de reconocer en precios.
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