La deuda corporativa emergente fue una de las apuestas más rentables dentro del universo de deuda durante al año pasado. Tras un difícil comienzo de año, se ha vuelto a recuperar desde febrero, con rendimientos a la baja y estrechamiento de los diferenciales. Se trata de una clase de activo que no ha parado de crecer y desarrollarse en los últimos años, gracias al creciente apetito de los inversores y a la mejora de los gobiernos corporativos de las empresas del mundo emergente. De hecho, en febrero las empresas emergentes emitieron deuda por valor de 27.200 millones de dólares; según cálculos de Aberdeen, si se le suma los 21.000 millones ya emitidos en enero, “es el mayor ritmo de emisiones desde 2013”.
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