El high yield fue uno de los activos que se presentó con perspectivas más prometedoras a principios de 2015: aunque era cierto que los diferenciales estaban algo comprimidos, la continuación de la actividad emisora, la baja tasa de impago, la demanda de rentabilidad y su mejor capacidad para absorber una subida de tipos seguían otorgándole atractivo a ojos de los inversores. Sin embargo, el final de este año se ha revelado amargo para muchos de los que se han aventurado en esta clase de activo. Stefan Isaacs y James Tomlins, ambos gestores de M&G Investments, tratan de dar respuesta a lo que ha pasado.
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