Efectos del COVID-19 en los déficits públicos y en el deterioro de la calidad de la deuda

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Esteban López, Unsplash

Los déficits presupuestarios de los gobiernos y la acumulación de deuda en todo el mundo aumentarán drásticamente en 2020 en comparación con 2019 y, salvo para un puñado de países, es difícil que los coeficientes deuda/PIB vuelvan a los niveles anteriores al virus en un futuro próximo, incluso cuando el virus haya desaparecido. Según el FMI, en 2020 la relación entre la deuda pública y el PIB en la eurozona aumentará del 84% al 97%, mientras que la cifra para Estados Unidos pasará del 109% al 131%. En los mercados emergentes la predicción es de un aumento de poco menos del 10% en promedio, pasando del 53% al 62%.

Japón sigue a la cabeza con una proyección de la relación deuda pública/PIB del 251,9% para 2020, seguido de Grecia, con un 200,8. Italia está en tercera posición con un 155,5%. “Desde un punto de vista matemático, el aumento de estos coeficientes es el resultado de una contracción prevista del PIB de poco más del 3% para todo el mundo en su conjunto en 2020, junto con déficits presupuestarios (como porcentaje del PIB) del 10,7% y el 9,1% en promedio para los mercados desarrollados y emergentes, respectivamente”, explica Felipe Villaroel, gestor en TwentyFour AM, boutique de Vontobel AM.

Hay que tener en cuenta que estas cifras proceden de la actualización de abril del FMI con relación a su base de datos, y que la próxima revisión se hará en octubre. Y que es probable que algunos de estos datos sean peores para entonces, ya que se han aprobado más planes de estímulo desde abril. En este escenario, no cabe duda de que la calidad del crédito mundial se ha deteriorado como consecuencia de los efectos económicos que nos está dejando la crisis del coronavirus. Y eso afecta de lleno al trabajo de los gestores de renta fija, que tienen que extremar la prudencia a la hora de moverse por unos mercados sembrado de peligros.

Conocidas compañías como Hertz, Cirque du Soleil o Neiman Marcus, el gigante de los grandes almacenes de Estados Unidos, son algunas de las numerosas empresas que se han declarado insolventes recientemente. Éstas podrían ser el canario en la mina que estén avisando de mayores problemas de cara al futuro.

La tasa de incumplimiento se ha mantenido muy baja durante mucho tiempo. El ciclo normal de impago de la deuda es de alrededor del 3% al año, y se ha mantenido por debajo de ese nivel durante varios años. “Ahora observamos que los impagos en Estados Unidos se triplican desde el año pasado a una tasa del 6,2%. Estamos viendo un repunte. Mi previsión es que la tasa de incumplimiento seguirá subiendo hasta el próximo año. No me sorprendería que alcanzara niveles cercanos al 10%. Como gestora activa de high yield, esto supone un gran problema”, reconoce Shannon Ward, gestora de renta fija de Capital Group.

Tal y como explica, los cierres ocasionados por el COVID-19 han vapuleado a las compañías, hasta el punto de que éstas han tenido que asumir nueva deuda, endeudarse con sus líneas de crédito renovable o aprovechar los programas de ayuda del gobierno. “Cuanto más se prolongue la pandemia, más probabilidades habrá de agotar estos fondos de liquidez y verse obligados a negociar un acuerdo con prestamistas o a declararse en quiebra”, alerta. Por lo pronto, las compañías obligadas a realizar recortes drásticos a causa del confinamiento representan una parte considerable de los impagos y las quiebras que hemos visto hasta ahora.

¿Cuáles son los sectores más vulnerables?

Ward señala a minoristas como GNC y J.C. Penney. También a las energéticas que se enfrentan a precios del petróleo persistentemente bajos, como Chesapeake Energy. “Hemos estado vigilando estas compañías y sectores durante tiempo, ya que su situación era poco halagüeña incluso antes de la pandemia. Las compañías minoristas tradicionales con gran presencia física han tenido que afrontar el cambio masivo hacia el comercio electrónico. En el sector energético, tanto el esquisto como el fracking suscitaron el fervor de los inversores, que depositaron mucho capital en estas compañías cuando el precio del petróleo era más elevado. Sin embargo, ahora todo ese entusiasmo se está volviendo en su contra”.

Por supuesto, los problemas nunca vienen solos: los impagos no suelen producirse a causa de un único catalizador; normalmente son varios los factores que ponen a las compañías contra las cuerdas, y esto depende del apalancamiento. Muchas de las compañías que recientemente han incurrido en impagos se endeudaron profundamente en los últimos años, por lo que sus impagos han hervido a fuego lento durante años.

“Como reacción en cadena, es posible que las compañías inmobiliarias comerciales que poseen centros comerciales también afronten dificultades puesto que dependen de los pagos de alquiler de los minoristas para saldar sus propias deudas. Las tiendas más pequeñas que dependen de la actividad de los centros comerciales y que no tienen una presencia online sólida han experimentado (y seguirán haciéndolo) obstáculos a medida que los arrendatarios principales han ido cerrando”, alerta.