El 2022 ha sido, en términos históricos, uno de los peores años para la típica cartera compuesta al 60% por renta variable americana (principalmente el S&P 500) y al 40% por renta fija (treasuries a 10 años). La rentabilidad registrada por la cartera en este periodo fue del -15%. Solo se han registrado cinco años naturales en los que la rentabilidad anual de esta estructura de cartera tradicional ha sido peor y, además de la crisis financiera mundial de 2008, todos fueron hace más de 80 años (ver gráfico).
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