En la inversión socialmente responsable (ISR), que tiene en cuenta criterios ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo (ASG) en la construcción de la cartera, hay varias estrategias. De la estrategia original, basada en la exclusión de determinadas industrias o sectores del posible universo de inversión, la ISR ha ido evolucionando hacia prácticas más avanzadas como best in class o la integración, a las que a veces se añade el activismo accionista, pero la más avanzada de todas es la inversión de impacto. Esta estrategia parece más relevante tras el lanzamiento en 2015 de los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) que definen la agenda mundial de la sostenibilidad de cara al año 2030.
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