La reforma neerlandesa transformará uno de los sistemas de pensiones más relevantes de Europa, con 1,88 billones de euros en activos bajo gestión. El cambio supone el paso de un sistema de prestación definida (DB) a un modelo de aportación definida (DC). En este modelo, la pensión final queda vinculada a la evolución del capital acumulado y de los mercados. Así, este nuevo marco dará mayor visibilidad al patrimonio individual de los partícipes. También conllevará una asignación más ajustada al ciclo vital, así como una caída estructural de la duración de las carteras.
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