La convicción de largo plazo sobre la renta variable es, para muchos inversores, un punto de partida intelectualmente asumido. El problema surge en la traslación a la práctica. En fases de caída, prevalece el temor a equivocarse; en fases de subida, la impresión de haber llegado tarde. "Muchos inversores están convencidos del valor que aporta a largo plazo la renta variable; sin embargo, dicha convicción no elimina en absoluto el vértigo del punto de entrada", explica Gracia Campos, del departamento de Advisory de Deutsche Bank España.
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