En enero de este año, Fidelity Worldwide Investment publicaba un informe en el que, entre otras cosas, afirmaba que China se merecía una mejora de rating gracias al colosal programa de reformas aprobado en el último trimestre del año pasado. Ese informe reconocía los puntos débiles de la economía pero también defendía lo atractivo de los fundamentales de la economía. Ahora, la gestora está empezando a cambiar su actitud hacia la segunda mayor economía del mundo. En las últimas semanas el experto Tom Stevenson manifestaba su preocupación por la evolución del mercado inmobiliario del país, mientras que la analista Rebecca Jiang declaraba que los bancos chinos “no son aptos para la inversión a largo plazo, al menos de momento”.
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