Nacidos para canalizar la inversión privada hacia la economía real italiana (y europea), los PIR (Piani Individuali di Risparmio) despertaron un fuerte interés desde su introducción en el panorama financiero italiano con la ley de presupuestos de 2017. En ocho años, estos instrumentos que, entre otras características, prevén la exención fiscal sobre los rendimientos si se mantienen durante un período mínimo de cinco años. Han tenido trayectorias dispares. Esto se debe a diversos factores: los cambios normativos, en primer lugar. Además, el impulso de los propios actores financieros, que en definitiva ha determinado el interés (o la falta de él) de los inversores.
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