La rentabilidad real: por qué una inflación creciente limita el atractivo de los bonos

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uruss, Flickr, Creative Commons

Septiembre se despide con una inflación del 4% según el indicador adelantado elaborado por el INE. En caso de confirmarse estaríamos hablando de un aumento de siete décimas en su tasa anual, en agosto esta variación fue del 3,3%, situándose en su nivel más alto desde septiembre de 2008. La causa está en la crisis energética que estamos viviendo con los altos precios de la electricidad, que marca récords día tras día, unido a las subidas en los precios de los carburantes. Esta situación puede hacer mella en nuestros ahorros. ¿De qué manera?, ¿sabes lo que significa obtener rentabilidades reales negativas?, ¿qué consecuencias tiene para el inversor?

Fuente: INE

Por el momento muchos de los expertos auguran que la inflación que estamos soportando es algo transitorio, aunque ya hay opiniones como la de Mark Holman, CEO de TwentyFour AM, boutique de Vontobel AM, que señala que “hay suficientes indicios de que parte de esta inflación podría ser más duradera”.

Si observamos el siguiente gráfico, la inflación creciente de los últimos meses tiene efecto contrario en el rendimiento de los bonos de las grandes economías globales y países de la Unión Europea.

¿Resultado?

Rentabilidades reales negativas. Rescatamos este concepto y lo explicamos. Ante un contexto inflacionario, los tenedores de deuda suelen exigir una mayor TIR (la rentabilidad que le exige el mercado hoy en día) a modo de compensación, lo que influye en el atractivo del bono como inversión.  No hay que olvidar que los precios de los bonos se mueven en dirección opuesta a sus TIR, por lo que, ante un aumento de la inflación, es probable que se produzcan caídas en el precio de la deuda. Por eso es importante en este momento diferenciar la rentabilidad nominal de la rentabilidad real a la hora de calibrar la inversión en un producto de inversión como es el bono.

Cuando hablamos de rentabilidad nominal nos referimos a una primera aproximación de la rentabilidad que los inversores recibirán por su inversión. Esta tiene en cuenta el tipo de interés nominal o TIN, es decir, el porcentaje que se agregará al capital cedido como remuneración durante un periodo determinado. Sin embargo, la rentabilidad real tiene en cuenta factores externos. Uno de los más importantes la inflación, aunque también tiene en cuenta otros como impuestos y costes de la inversión. Es decir, cuando hablamos de rentabilidad real nos referimos al retorno de la inversión ajustado a los cambios en la economía.

La renta fija ha vivido tiempos muy buenos en los últimos años gracias a la combinación de tipos de interés casi a cero e inflación inexistente. Este escenario parece estar cambiando y lo que está claro es que para obtener rentabilidades hay que asumir más riesgo.

¿Los inversores españoles se caracterizan por su perfil arriesgado?

Viendo los datos no. Estas rentabilidades reales negativas también son más que visibles en todos aquellos que se decantan por los depósitos. Según los últimos datos publicados por Inverco sobre los activos financieros de los hogares españoles, los depósitos siguen marcando récord y roza el billón de euros. Si, según el Banco de España, a cierre de julio, los tipos de interés que ofrecen los bancos para nuevos depósitos se situaba en el 0,02%, la rentabilidad real del depósito, teniendo en cuenta la inflación que publicó el INE la semana pasada, se situaría en el -3,8%.

Un estudio de EFAMA, del que nos hacíamos eco en este artículo, analizaba con números el coste de oportunidad y la pérdida de poder adquisitivo de los inversores que eligen los depósitos como vehículo de inversión. En la última década si pusiéramos de ejemplo una inversión de 10.000 euros, vía depósitos habría perdido 1.000 euros.