Gonzalo Rengifo (Pictet AM): “Los fondos de empleo público son una buena idea, pero su implantación es complicada”

Gonzalo Rengifo (Pictet AM): “Los fondos de empleo público son una buena idea, pero su implantación es complicada”, Gonzalo Rengifo (Pictet AM): “Los fondos de empleo público son una buena idea, pero su implantación es complicada”
Foto: Funds People.

En España, en un futuro no muy lejano, habrá casi el mismo número de pensionistas que trabajadores en activo. A Gonzalo Rengifo esta proyección le hace mostrarse convencido de que, independientemente de lo que se haya cotizado, habrá una pensión mínima universal. Para completarla, de momento, la propuesta que ha lanzado el Gobierno español es la de crear un sistema de fondos de empleo público. Según el director general de Pictet AM en Iberia y Latinoamérica, se trata de una propuesta que quiere imitar a la que existen en Reino Unido, en cuanto a que sea obligatorio para las empresas la aportación a un sistema de empleo mediante cuentas individuales. “La idea es buena, pero la implantación complicada”, opina.

En primer lugar, porque nace sin volumen inicial. “Inglaterra empezó con una aportación del 2% del Estado, 1% del empleado y 1% de la empresa. El porcentaje ha ido creciendo hasta un total del 8%. Así, en 20 años ha duplicado la pensión prevista. En este sistema los actores son los empleados, la empresa y la gestora. El Gobierno se limita a poner el marco jurídico, sin control político. Pero en España es previsible que el marco regulatorio sea muy estricto. No solo a nivel de gestoras, sino también en el régimen de inversiones y de comisiones”. A su juicio, una buena referencia sería el sistema sueco, donde la gestión es activa por parte de entidades privadas independientes, que pueden aportar valor añadido.

Dicho de otro modo: si lo que se busca por parte del Gobierno es crear un fondo de empleo libre de ataduras, gestionado con el único objetivo de maximizar el binomio rentabilidad-riesgo, las entidades extranjeras deberían ser un actor con un papel protagonista. Ese papel ya lo desempeñan en España, donde las gestoras internacionales han conseguido a lo largo de la última década ir ganándose la confianza de los inversores privados. La base de clientes es cada vez más extensa. En el caso de Pictet AM, la firma ha logrado situarse cómodamente en el Top 10 por activos gestionados, con un patrimonio que ronda los 11.500 millones de euros, según datos del barómetro que publica FundsPeople.

Un crecimiento muy diversificado y orientado a cuidar al partícipe

Este crecimiento lo han conseguido diversificando mucho las ventas. “El impulso de nuestro crecimiento viene por el lado de los fondos temáticos, multiactivos, emergentes y de retorno absoluto. En este negocio, cada vez es más valioso la solidez de la institución y nosotros no hemos estado expuestos a controversias o escándalos”, subrayan. Además, han sido especialmente cuidadosos a la hora de proteger al partícipe, cerrando o limitando las suscripciones a productos que habían adquirido un gran éxito comercial con el objetivo de no perjudicar a los inversores existentes. “Para gestionar adecuadamente una estrategia hay un máximo de activos bajo gestión. Siempre hay que definir un máximo de activos bajo gestión”, señala.

Antes de que llegar a tal límite empiezan a aplicar medidas soft close. Ello implica restringir entradas a clientes existentes para que puedan hacer rebalanceo de carteras. Además, van estableciendo límites mensuales de inversión, si es preciso de carácter diario, que pueden ir ajustándose progresivamente. “Hay que tener en cuenta que la institución considera clave mantener las ratios de liquidez. Esto es: la posibilidad de liquidar la práctica totalidad de la cartera en un plazo breve”.

Un caso práctico

El caso más extremo ha sido con el Pictet Robotics. Entró en soft close en 2017, tras alcanzar cerca de 3.000 millones en menos de dos años desde su lanzamiento, cerca de la capacidad máxima considerada entonces. “En el mercado hay algún fondo de robótica que gestiona 20.000 millones. Pero nos interesa más gestionar adecuadamente el fondo y mantener la liquidez que seguir creciendo, pues tenemos que proteger las fuentes de alfa, ya sea por baja rotación, periodos y plazo, condiciones de liquidez o volúmenes mínimos diarios de negociación”, destaca.

También son especialmente prudentes a la hora de innovar. “No nos apuntamos a las modas, ni invertimos en lo que no conocemos”, afirma. Es lo que les empuja a mantenerse al margen de los criptoactivos, sobre los que Rengifo muestra mucha precaución. “Invertimos mucho en blockchain pero, en cambio, tenemos mucha precaución con los criptoactivos. En realidad, toda la industria siente cierta inquietud por este tema, porque significa desintermediación en pagos y préstamos. Las criptomonedas acabarán siendo reguladas. Lo único que va a parar este movimiento es una criptomoneda del BCE”, augura.

La estructura económica global es deflacionista

Preguntado por una de las cuestiones que más está quitando el sueño a los inversores en estos momentos, si la inflación es estructural o pasajera, Rengifo lo tiene claro: “toda la estructura económica global es deflacionista”. En su opinión, a ello contribuye el hecho de que el peso del consumo en economías desarrolladas como la americana, la europea o la japonesa suponga entre el 60 y el 70% del PIB y que, con el envejecimiento de la población, la gente de más edad, con menor propensión al consumo, sea la que va a tener mayor poder adquisitivo.

“De momento, las personas han consumido poco con las restricciones y las compañías no han invertido en capex. No se puede recuperar todo el consumo perdido en restaurantes o espectáculos, pero el nivel de ahorro es muy elevado. De ahí el rebote de precios en productos de consumo. Ello ha provocado rotura de equilibrio entre oferta y demanda, generando desabastecimientos. Este proceso ha tenido lugar mucho más rápidamente en Asia, donde en febrero y marzo se había vuelto a las fábricas y cuya exuberancia ahora están corrigiendo. Pero podemos prever más gasto en servicios en 2022”, anticipa.

Para corroborar su teoría, se pone como ejemplo a sí mismo. “Habitualmente estoy 15 días al mes fuera de España y durante la pandemia apenas he viajado. Con el mayor gasto en servicios va a existir presión inflacionista, equilibrando aquellas exclusivamente atribuible a los productos. Ello va a generar más empleo y la cuestión es si la inflación se trasladará a los salarios. Estados Unidos, con una tasa de paro del 4,8%, está ya en pleno empleo, frente a un máximo del 10% en la pandemia. En algunos casos los cheques del Gobierno de Estados Unidos han sido mayores que el salario. De ahí que haya personas que decidan no trabajar y que exista escasez de mano de obra. Es algo que también se da en Inglaterra y Alemania”, recuerda.

El mundo no se puede permitir tipos altos

Teniendo todo esto en cuenta, Rengifo ve posible que haya volatilidad de inflación hasta mediados de 2022. “Será entonces cuando sabremos si tiene un carácter más estructural. Mientras, en Estados Unidos, este año puede ser del 3,5% de media y en Europa moverse entre el 2,1% y el 2,3%. Pero a largo plazo la vemos en el rango del 2% al 2,5% en Estados Unidos y en Europa volver al 1,5%”. Ahora bien: si la Reserva Federal se pone nerviosa y empieza a subir los tipos de interés el próximo verano, afectaría al crecimiento. Sin embargo, el experto cree que hay más posibilidades de que no veamos un error de política monetaria.

“Con el aumento de la deuda pública desde la gran crisis financiera de 2008, hay países desarrollados con niveles de deuda por encima del 120% sobre el PIB. Y el mayor acreedor de los Estados son los bancos centrales. Si subieran bruscamente los tipos de interés entrarían en riesgo de insolvencia. En España los intereses que se pagan por la deuda pública suman el 3,7% del PIB, pero si aumentaran los tipos de interés exageradamente el gasto podría multiplicarse”.

Previsiones de crecimiento

De acuerdo con sus estimaciones, en 2021 la economía global puede crecer por encima del 5% y en 2022 la tasa puede rondar el 4,8%, cuando antes de la pandemia hablábamos de un ciclo de moderación, con poco crecimiento y baja inflación. “El caso es que el próximo año vamos a volver a más de lo mismo donde más es menos. Menos crecimiento y menos rentabilidad”.

Donde considera que puede haber cierto cambio es en emergentes, que pueden despegar a partir de 2023. “Ahora están haciendo una digestión pesada. El caso más evidente es Latinoamérica. Por su parte, las economías asiáticas tienen todos los elementos para ser caballo ganador los próximos 10 a 15 años”, concluye.